Writing cure: reflexión
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jueves, 5 de septiembre de 2013

De gustibus non disputandum

Todo empezó una noche en la cual no podía dormir. Eran más o menos las dos de la madrugada y durante el día no tendría absolutamente nada que hacer. Con plena convicción, me levanté de la cama y me puse la ropa que había usado ese día: un buen par de bambas, unos tejanos largos un poco desgastados y una camiseta de manga corta blanca.

Salí a la noche, pero no era de noche. En las ciudades grandes nunca, nunca se hace de noche. Y andando pasito a pasito oí unos grandes estruendos que pertenecían a una casa grande, al fondo de una calle de una urbanización de alto standing, muy iluminada y que parecía llenísima de gente. Los ruidos eran casi bélicos, y a simple oído eran gritos, cánticos y objetos precipitándose al suelo. Me acerqué, curioso; y observé que una chica de mi misma edad salía de allí como podía, escabulléndose por la puerta lo más rápido posible. 

- Me preocupa el ruido que procede de esta casa. ¿Qué ha ocurrido?

- Nunca había visto una fiesta así, de verdad. Menudo desastre.

- ¿Puedo ayudar en algo?

- Si quieres te cuento todo lo que ha ocurrido, tengo esa imperiosa necesidad. Aún no comprendo nada de lo que he visto.

La chica quiso empezar el relato con mucho énfasis, entre la preocupación y la emoción.

<<Hoy es el cumpleaños de una chica, que precisamente es novia de uno de mis mejores amigos. Hoy pasaba a ser una adulta y su familia, con un poder económico muy destacado, quiso celebrarlo a lo grande. Y para eso, quiso celebrar el ritual típico de entrada a la edad adulta de la Sociedad: comer mucha, mucha pizza.

El problema es, que tanto ella como su pareja, fueron diagnosticados de intolerancia al gluten recientemente, es más, ambos se conocieron en la sala de espera del hospital, y este defecto médico era el secreto que les había mantenido unidos. El chico ya se había asustado al ver que días antes se habían dejado una millonada comprando pizza. Allí había amigos, conocidos y amigos que había tenido olvidados; ya había capacidad en la mansión para todos ellos. La chica no daba tanta importancia a la nueva edad, al contrario del resto de los presentes.

00.00h

Pues bien, a partir de las doce de la noche la fiesta empezó, cantaron el "cumpleaños feliz" todos los asistentes, y de repente un montón de sirvientes sacaron las pizzas de las neveras (unas dos-mil en total) y las empezaron a hacer en el mismo lugar de la fiesta, la planta baja, habilitada ya para celebraciones grandes. La gente observaba, sorprendida y con expectación, cómo los sirvientes las calentaban tanto en los microondas como en los hornos de cocina habilitados ahí expresamente. Había toneladas y toneladas de pizza, que parecían no terminarse nunca. Una vez preparadas unas cuantas de ellas, de diferentes recetas, hechas a mano o precocidas, la gente gritaba y tenía expresiones de júbilo nunca vistas, reían, hacían amigos que nunca podrían haber hecho sin comer pizza, y comían y comían sin parar. El problema es que la gran estrella de la fiesta, que a la vez era eclipsada por la pizza y sus extraordinarios efectos, se encontraba aislada y no sabía qué hacer. Si tomaba cualquier trozo, notaría un dolor horroroso en la barriga y también haría sufrir a su pareja. Y en aquél momento se encontraba en un dilema que, sin darse cuenta, tendría consecuencias horribles.

Entonces, ante la presión, cogió un trozo de pizza e hizo ver que se lo comía. Y ha actuado tan pero que tan bien que incluso parecía que se comía el trozo de verdad. Pero ha olvidado un detalle importante: su enamorado podría verla. Y así ha sido, y ha reaccionado muy mal. Enfadado, el chico ha subido al piso de arriba, lloroso, y se ha encerrado a la habitación de la chica a llorar, con el evidente peligro de que podria causar inundaciones. Acto seguido, la chica se ha dado cuenta y se ha quedado al piso de abajo llorando como una desconsolada.

Ya sabe que las parejas tienen rabietas tontas, las cuales se curan enseguida y los enamorados se reconcilian de una forma especial. Pues esta vez no ha sido exactamente así>>.

Ante mi curiosidad, le pregunté: "¿y por qué?"

2.00 h

<<En vez de quedar como un problema resuelto, los invitados se han dirigido a los respectivos sitios de los enamorados: los amantes de la pizza, con ella; los que no lo eran tanto, con el chico. El chico, al borde de la depresión, ha recibido la ayuda psicológica de sus amigos, que le han tranquilizado durante un rato largo. Le decían que no pasaba nada, que se tranquilizase... al final el chico ha podido gestionarse bien su nerviosismo, y convocó a sus amigos que, como embajadores, tenían que ir a buscar a la chica para hablar con él.
Pero entonces, paralelamente, en el piso de abajo, mientras la chica lloraba, los amantes de la pizza habían montado un auténtico ejército. Yo estaba allí y quise ayudar a la reconciliación de los amantes, pero habían acorralado a la chica con el fin de garantizar su protección, en contra de su propio deseo de negociar con su pareja. Los soldados improvisados argüían que tenían que defender los intereses de la dama y que ningún hombre estaba en derecho de quitárselos, mientras ella no respondía en ningún momento. Uno de ellos, me ha dicho que si el amante no cambiaba de opinión, ellos desatarían la guerra contra él y sus defensores.

Entonces he subido al piso de arriba con los embajadores para informar del hecho al chico, y se ha llevado un buen susto. "¿Una guerra?" No se lo podía creer. Todo ese hecho y sus sentimientos causarían... ¿una guerra? En la cara del chico se reflejaba lo que pensaba sobre la absurdidad de la situación que había surgido. "Igualmente... quiero hablar con ella", dijo convencido.

Los embajadores y yo bajamos de nuevo, y vimos que todo el mundo criticaba violentamente el acto del hombre, pero la novia seguía arrinconada en una parte de la sala. Por curiosidad, pregunté a uno de los sublevados:

- ¿A qué viene tanta belicosidad?

- Señorita, ese hombre ha hecho algo inaudito. Es necesario intervenir porque ha criticado uno de los pilares culturales de nuestra sociedad: el consumo de pizza.

- ¿Pero no deberían de negociar antes y contrastar sus puntos de vista antes de pasar al ataque?

-¡Cállese! - y me echó.

Acto seguido marché arriba a avisar que el asunto estaba muy, muy crispado. La chica no podía huir de allí, y si él se presentaba a la planta baja, lo pelaban. Y, sin que yo lo quisiere, los cercanos al novio se organizaron como una banda criminal, para poder defenderse en el caso que se propiciase algún ataque. El objetivo era claro: bajar allí abajo, intentar negociar, y si no lo conseguían ellos se defenderían como pudieran. Unos cuantos retuvieron al novio y le quisieron ocultar todo lo que estaba a punto de pasar en el piso de abajo.

Finalmente, con un poco bastante de valentía, el colectivo de embajadores improvisados en último momento quiso bajar y yo les acompañé.  Pero había pasado demasiado tiempo y los enemigos ya habían preparado catapultas hechas con tenedores y bandejas para poner la comida, un montón de trozos de pizza para cobrar fuerzas, y se habían armado de cuchillos, que llevaban puestos en el cinturón de los pantalones. Además, habían construido auténticas bases militares con las mesas que habían en la fiesta. Los rebeldes no se lo pensaron dos veces y empezaron a atacar, y los embajadores pudieron defenderse de todas las formas posibles. Pactaron una pequeña tregua, por tal de poder armarse correctamente ambos bandos; hasta una batalla oficial convocada a las tres de la madrugada, y cuyo campo de batalla sería el piso de abajo.

Con la falta de armas, los embajadores y otra compañía que decidió unirse a ellos cogieron palos de los árboles gigantescos del jardín, cuchillos de cocina, tijeras y mantas para montar trajes y caretas para que no fuesen reconocidos por los contrincantes. Yo decidí retirarme, por miedo a ser agredida, y quise ayudar al novio a que se estabilizara hasta quedar dormido. Mientras tanto, me alarmé porque ambos bandos empezaron a componer himnos bélicos que llegaban a parecer nacionales, y también porque contrataron científicos para que evaluasen las características de la pizza según si jugaban a su favor.

3.00 h

Todos los miembros del piso de arriba bajaron a la hora convocada, con un conjunto de hojas impresas en la mano. Asimismo, el Ejército del Piso de Abajo en Defensa del Consumo de Pizza (EPADCP), que ya había registrado un nombre propio, también mandó a su capitán con un montón de hojas en la mano.

- Lamentamos comunicarle que el EPADCP ha encargado una investigación sobre los efectos beneficiosos de la pizza, y francamente lamentamos que este alimento tiene unas ventajas nutritivas brutales, además del efecto de felicidad y relajación que éste comporta.

- Nosotros tenemos otra investigación que refuta plenamente sus tesis, señor capitán.

Acto seguido, sin ningún miramiento a las tesis científicas, comenzaron a funcionar las catapultas, las pajitas disparando trocitos de servilleta, y con esto la gran batalla. La gente recitaba canciones revolucionarias y políticas, llevaban grandes banderas con un trozo de pizza dibujado, o reproducían frases míticas como ahora:

- ¡Juro por Dios que no volveré a permitir que critiquen la pizza! 

Hubo heridos de guerra y se establecieron campos de refugiados en las escaleras, en los sótanos y en los grandes jardines de la casa. Los sirvientes también se alistaron, algunos en un ejército y unos otros en el otro; y luchaban corazón en mano como nunca. Pero hubo un momento de lucidez, ya que decidieron sindicarse porque creían que los dueños de la casa les habían explotado con la organización de la fiesta.

Y así siguieron las peleas, más o menos hasta las seis de la mañana, ya que muchos habían caído rendidos del cansancio y aguardaban a la espera de una nueva batalla. 

Viendo todo el jaleo, al fin, he decidido irme.>>

- ¿Y tú no crees que esto es demasiado... surrealista? - le pregunté, muy perplejo, después de todo lo que me había explicado.

- Yo, después de lo que he visto hoy... ya no considero nada, pero absolutamente nada, surrealista. 

Habíamos hecho migas y decidimos tomar el desayuno juntos en algún bar cercano. La chica me cayó bien. Hablamos de Platón, sobre las armas nucleares y sobre los intereses escondidos tras las ventas de pizza y su consumo excesivo por parte de la población.

La invité a dormir en mi piso y se quedó dormida en un plis plas. Mientras tanto, en los periódicos se hablaba del gran número de ingresados en los hospitales de la ciudad tras un gran empacho de pizza y heridas de tipo bélico, y ella recibía un mensaje sobre que, después de irse, llegó el Ejército con la petición de que lo sucedido no se diese a luz, ya que podrían incitar a rebeliones del pueblo en contra de sus gobernantes. 

Tras la extraña experiencia, aprendí que ante los gustos no hay disputa, y que todos son igual de respetables. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El precio del orgullo

El orgullo, en tanto que es una virtud positiva que reafirma el valor de ser uno mismo, también es un defecto demasiado importante y que puede llegar a tener magnitudes muy relevantes. Además, es el peor pecado capital, ya que no permite que uno mismo reconozca otros pecados cometidos, o llega a tal extremo que pasa a ser la soberbia, el deseo de ser preferido por otros y de elevar sus cualidades o acciones por encima de otras ajenas.

Pero hay que distinguir el orgullo positivo del orgullo negativo. Podemos estar orgullosos de ser de una comunidad, del trabajo bien hecho, de un equipo... ya que éstos han llevado a cabo buenas acciones, nos afecten a nosotros o no. Pero el negativo, que muchas veces llega a ser soberbia, es algo realmente destructor. El orgullo o amor propio ha llevado a cabo guerras, disputas, problemas, ya sean a escala pequeña o grande, sólo para mantener un estatus, una felicidad o una buena opinión, muchas veces a base del miedo. Maquiavelo dijo que el fin justifica los medios, algo que ahora muchas veces encontramos en magnitudes económicas, políticas e incluso personales, en las cuales remarcar la supremacía del sujeto es el fin implacable.

Un claro ejemplo es lo que está haciendo Estados Unidos con Siria o con la condena al soldado Manning, que reveló auténticas matanzas a inocentes ejercidas por el ejército norteamericano en guerras.

Se castiga a alguien, quizá inocente, para mantener su estatus. Está prohibido revelar datos que manchen el nombre de un país, también lo está el derecho a decidir para mantener la buena marca de un país. Se matan personas inocentes en guerras tan sólo para mantener la seguridad de un país, o bien para ejercer un miedo que mantenga intocables los miembros de un cierto colectivo. Un hombre con una supuesta inteligencia superior subestima a los demás para reafirmarse, alguien con unos excelentes expedientes académicos hace lo imposible para que le superen, porque quiere reafirmarse. Alguien exagera deliberadamente sus virtudes, porque no sabe afrontar una crítica negativa.

El orgullo o soberbia es algo que hay que saber moderar. Es como una droga que en dosis muy pequeñas puede ser medicinal, pero en grandes dosis puede ser mortal. Tenemos que ser educados en el afán de conocer, ser conscientes de que no estamos solos en el mundo y que no lo sabemos absolutamente todo, que otros tienen virtudes diferentes a las nuestras y que entre todos nos debemos de complementar.

Y tú, ¿cuánto crees que es destructivo el orgullo o la soberbia?

martes, 27 de agosto de 2013

El precio del éxito

Youtube ahora mismo está siendo un gran medio para publicar y difundir ideas a disposición de todos y para todos los gustos. Ha sido la cuna de vídeos completamente virales que quizá no merecerían la atención como la tienen, o bien los usuarios han hecho justicia y han empujado al éxito a personas que han podido llegar lejos haciendo lo que les apasiona. Este es el caso de German, un vlogger que se ha hecho muy popular recientemente y que llegó a mis oídos hace poco tiempo. El caso es que estas últimas semanas ha ido recibiendo unas críticas sanguinarias, habiéndose puesto en duda el cómo ha logrado tantos seguidores en Youtube y atribuir este hecho al uso de bots, un medio informático que "roba" o "genera" falsos seguidores o visitas, haciéndose pasar por personas reales. 

Como decía Risto Mejide en Annoyomics, una valoración negativa tiene más atención que una positiva

De antemano, una opinión negativa recibe muchísimas veces más atención que no una valoración positiva. A este factor, hay que añadirle la enorme popularidad de German y la gran difusión de hechos (sean falsos, como lo son la mayoría de veces; o ciertos), dando como resultado una propagación a gran escala similar a la de un virus tropical. Por lo tanto, ha habido una importante masa de personas que han emitido un juicio inexacto, sin haber contrastado antes la opinión de German. Y por fin, él, con un tono un poco enfadado (así es como lo he visto yo) ha mostrado su versión de los hechos. Y de una forma que, realmente, me ha impresionado y que me ha llevado a escribir esta reflexión.


Si veis el vídeo, que ya he adjuntado aquí arriba, veréis un German que tiene las ideas muy claras y que, además, se ha informado bien sobre lo que se le acusa. También algo que he visto ha sido que posee una fuerza psicológica muy buena, y a la que además se le añade una notable humildad. German protesta ante las malas intenciones de los comentarios negativos y de la cobardía implícita que esconden, la atención que buscan y su imposición ante las valoraciones positivas. Defiende, a la vez, la libertad que tenemos de pensar como queramos, de que nos guste lo que queramos y que entonces elijamos qué ver, sin perder el tiempo en cosas que no nos gusten.

La fuerza psicológica de German se plasma, sobre todo, cuando muestra la poca importancia que da a las personas "que le quieren ver caer", y defiende el esforzarse por cumplir nuestros sueños, que nos otorgan felicidad y que, a través de ser buenas personas y nuestras aptitudes, podemos llegar muy lejos. Según él, la clave del éxito es ser quienes somos fielmente, ya que igualmente generaremos polémica y rumores.

La exposición que comporta el éxito 

Pero la clave está en que hay veces que no nos basta con cumplir pequeñas metas, o delante del fracaso nos hundimos en envidias y rencores que pagamos con personas que han sabido aguantar y esforzarse por su pasión, como ha pasado con German. Este maremagnum surgido con la polémica de los bots y German plasma perfectamente la falta de madurez moral, de motivación y la pereza al contrastar las versiones de varios hechos. Como dice el mismo vlogger, el trabajo de una persona se complementa, de cincuenta a cincuenta, con el público que lo recibe, lo usa y lo disfruta.

Pero... ¿por qué tenemos que criticar algo que para nosotros no está, y colocar nuestra opinión por encima de las demás? 
¿por qué tenemos esta percepción de que nuestros gustos son universales? 
¿por qué tenemos que estar tan pendientes de los ataques gratuitos y poco argumentados? 
¿por qué nos limitamos tanto a hacer lo que realmente nos gusta, y respetar lo que no nos gusta?

Y amigos, éste es el precio del éxito. Exponernos a personas con poco criterio, con falta de pasiones y con demasiado aburrimiento.


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domingo, 25 de agosto de 2013

Platón y el cerebro humano: ¿analogía?

Por desgracia para algunos, para la Selectividad los alumnos de Bachillerato tuvimos que estudiar la filosofía de Platón. Platón (427-347 a. C.) fue un filósofo de la antigua Grecia que ha dejado una huella importante en muchos ámbitos: política, filosofía, antropología, la educación, e incluso en la religión. Pero hoy me voy a centrar en el ámbito filosófico y antropológico; y su vinculación con la ciencia.

Platón elaboró una teoría sobre el alma, después de que distinguiese cuerpo y alma, la parte material y divina, respectivamente. Según él, el alma humana tenía tres partes, ordenadas de mayor a menor frecuencia en la población: la parte concupiscible, vinculada a los impulsos sexuales y corporales y ubicada en el bajo vientre; la fortaleza, que representa el honor y las emociones, ubicada en el pecho; y la más importante y la única de origen divino: la parte racional, que gobierna estas dos anteriores y representa la inteligencia, la sabiduría, la moderación y la capacidad de controlar las otras partes. Platón en su obra Fedro explicaba esta teoría mediante un mito de la tradición griega, en la cual la parte racional del ser humano era un auriga que conducía dos caballos, que representaban la fortaleza y las necesidades propias del cuerpo.  A la izquierda he puesto un ejemplo mucho más gráfico para plasmar esta teoría platónica.

Ya sabemos que Platón fue un filósofo de la Grecia antigua, época en la cual empezaba a desarrollarse el interés científico. Pero ahora fijémonos en la fisonomía del cerebro humano, el conocimiento de la cual se ha desarrollado durante estos dos últimos siglos, y las funciones de cada una de sus partes; que tienen autonomía propia y una forma de pensar propia.



El cerebro reptiliano regula nuestros pulsos más básicos: alimentación, respiración, reproducción, control de las hormonas y la temperatura del cuerpo, hambre y sed; y no siente emociones. En segundo lugar, encontramos el cerebro límbico, responsable de los sentimientos, de la percepción, el miedo, los celos, las relaciones sociales. Y en tercer lugar, encontramos el neocórtex, donde se ubica nuestra propia conciencia, la racionalidad, las capacidades cognitivas de aprendizaje y memoria, las destrezas en resolución de problemas... y que regulan las dos partes anteriores del cerebro.

Si nos fijamos, otra vez ciencia y filosofía vuelven a estar dadas de la mano, y curiosamente en la antigüedad ya se habían descubierto (quizá de forma más metafórica) conocimientos científicos que han sido igualmente desarrollados, de forma más empírica, durante los últimos años.

Entonces... ¿la teoría de Platón se corresponde con las tres partes del cerebro humano?

¿Realmente somos tres personas en una de sola, con formas de pensar diferentes, pero que nuestra propia conciencia las regula? 

¿Conocemos cómo está formado nuestro cerebro y cómo funciona?

¿Sabemos administrar bien nuestra parte racional respecto a las otras partes?

Enlaces de interés:
http://es.wikipedia.org/wiki/Plat%C3%B3n
http://filosoluna.blogspot.com.es/2010/01/platon-teoria-antropologica.html
http://www.healthmanaging.com/blog/los-tres-cerebros-reptiliano-limbico-y-neocortex/







miércoles, 21 de agosto de 2013

Tropezar con la misma maleta

Hoy me encontraba en los andenes concurridos de la estación de Sants, en Barcelona. Había muchísima gente que esperaba un tren hacia al aeropuerto, cargada con sus maletas y acompañada de sus familiares. Hacía el calor típico del mes de agosto, acentuado por el hecho de estar bajo el suelo.

Con la sensación del sofoco y en medio de la multitud, mientras esperaba pacientemente el tren que me tocaba, he caído en algo que tenía frente a mis ojos y que ha hecho percatarme de algo importante. He visto un grupo de tres mujeres, madre, hija mayor e hija pequeña. Como he dicho antes, había un montón de maletas y... ¡pum! la pobre pequeña ha caído a causa del borde de una maleta que había en el suelo, precipitándose de golpe hacia éste. Calculo que la niña tendría unos ocho años. Ha estado unos segundos tirada al suelo, mientras gemía del dolor y protestaba ante la madre, que pasaba de largo y seguía adelante para ir a otro andén. La niña ha sabido levantarse sola, mientras soltaba alguna lágrima de susto, de dolor y, supongo, que también de la vergüenza de caerse en un lugar público. Pero la madre ni se ha dado cuenta, y si lo ha hecho, ha hecho caso omiso. En cambio, la hermana sí. Pero no se ha dirigido a ella con el fin de ayudarla, no. La hermana, de unos catorce años más o menos, se ha limitado a reírse de ella, porque se había caído y, por lo tanto, se había equivocado. ¿Y por qué?

Este hecho me ha sugerido que está demasiado mal visto equivocarnos en pequeñas cosas. Los niños se equivocan porque no tienen la experiencia suficiente para moverse en la vida y aún menos en las grandes ciudades como Barcelona, y en grandes y concurridas estaciones como la de Sants. Y a la vez los demás nos reímos o nos quejamos de los pequeños errores de los demás y, a la vez, ha habido alguien que lo ha hecho con nosotros.

Luego la madre ha ignorado igualmente el sufrimiento de la chica y la ha condenado con un mal gesto, por la molestia que le ha ocasionado, por haber robado sólo una pequeñísima fracción de tiempo de su vida neurótica típica de la vida adulta, con el fin que pudiese echar un vistazo a la rodilla herida. Hay veces que siendo pequeños nos faltan manos que nos ayuden a levantarnos o que nos den el antídoto para curarnos, para que luego podamos mejorar y no volver a caer en la misma piedra.

La creatividad, como el ser, se basa en equivocarnos repetidas veces y mejorar constantemente, siempre manteniendo la pasión por lo que hacemos y para vivir. Lamentarnos de los errores o de castigar a los de los demás no sirve de absolutamente de nada, porque es algo natural. Lástima que ahora sobrevaloremos tanto la perfección, cuando su obsesiva búsqueda tan sólo nos trae infelicidad...

martes, 13 de agosto de 2013

Tempus fugit

Una de las mayores preocupaciones de las personas, sobre todo adultas, es el paso del tiempo. El tiempo es aquella cuarta dimensión, que surgió cuando explotó todo y se formó el Universo. Con el tiempo todo se originó, la Tierra;  y con ella, luego nació la vida, y luego aparecimos nosotros, los seres humanos.

El tiempo es bueno. Gracias a él crecen las plantas y dan sus frutos, dejan su huella de vida en el mundo y mueren. Los seres vivos dejan su huella y permiten la supervivencia de la especie. El tiempo es bueno, porque marca el inicio y el fin y pone las cosas en su sitio. Hace evolucionar las especies y genera la Historia, la maestra de nuestras vidas. 

Pero la gente tiene miedo del tiempo. Ya se sabe, como dijo Jorge Manrique, nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. No exactamente el ser humano tiene miedo al tiempo, sino al morir y al envejecer. Las mujeres enloquecen al ver que pierden la juventud y van en busca de productos y soluciones para evitarlo. Después, los adolescentes y los jóvenes glorifican su etapa por el miedo a que cuando envejezcan sean infelices, y lo hacen sacrificando su cuerpo, porque a la vez creen ser inmortales, junto a las botellas, junto a las sustancias que les hacen soñar.

Las personas pasan el tiempo, pierden el tiempo, ven el tiempo pasar, juegan con pasatiempos. Se compran relojes para llegar justo a tiempo al trabajo. Luchan para conseguir su mejor tiempo. Quieren terminar sus tareas en el menor tiempo posible.

Todo tiene un inicio y todo es finito, y nosotros somos finitos. Somos niños, crecemos, somos adultos y luego mayores. Hay niños que no crecen nunca y quedan encerrados en un cuerpo de un adulto, sin poder vivir felices con el exterior. Niños que son más adultos que sus padres, porque necesitan menos tiempo para crecer.

El tiempo es juez y es maestro, es una fuerza muy importante en nuestras vidas que armoniza el Universo, que las da y las devuelve a quien lo merece. El tiempo es muerte, pero a la vez es vida, música, justicia, verdad.


viernes, 9 de agosto de 2013

Un mundo feliz: ¿vivimos como ellos?

Supongo que ya conoceréis las dos grandes distopías escritas durante el siglo XX y sobre las cuales han aparecido varias especulaciones sobre su relación con la realidad que estamos viviendo. Sus títulos son Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley; y 1984, de George Orwell.

La primera trata sobre el desarrollo de la tecnología reproductiva, que conlleva a un cultivo de humanos y la total prohibición de procrear; y que son educados mediante la hipnopedia, llevando a un cambio radical en la sociedad. Podría tratarse de una utopía: una humanidad desenfadada, saludable, sin guerras ni pobreza y, por lo tanto, llegando a una felicidad general. Pero a cambio de erradicar la familia, la cultura, el arte, la filosofía, la literatura, la religión y el progreso científico. En resumen, sus habitantes viven en un clima perfecto a cambio de ceder su actividad racional y emocional, su libertad de pensamiento y expresión y, generalmente, sus derechos fundamentales. 

Para hacerlo de una forma más gráfica, incluyo estas imágenes que encontré en Cuánta Razón y que ayudan mucho a encontrar una analogía de lo que dicen en ambos libros a lo que ocurre en las civilizaciones humanas. 

ORWELL O HUXLEY - A fin de cuentas, ¿quién tiene la razón?


Personalmente, me he leído gran parte del libro de Aldous Huxley, y creo que sí, que hay mucha semejanza con la sociedad actual. Sobre todo me he centrado en uno de los personajes principales, Bernard Marx. Es un joven que ha salido más inteligente que las personas de su alrededor y se da cuenta de los métodos (mucho más sibilinos que en 1984 de Orwell) que usa el sistema para mantener la estabilidad social: la hipnopedia, un método de enseñanza mediante el sueño y que no implica ninguna cuestión sobre lo que se aprende; el disfraz de la felicidad mediante el "todos somos de todos", es decir, sobre el sexo excesivo entre los seres humanos y anulando cualquier compromiso de pareja; el uso del soma, una especie de droga que anula las malas emociones cuando estás triste o enfadado o bien te hace dormir durante días, y de la cual la gran mayoría de los personajes son dependientes... La cuestión principal es que Bernard Marx (por lo que he leído hasta ahora, aproximadamente la mitad del libro) es consciente de lo que pasa y no obedece y esquiva cualquier implicación con estos métodos, con lo cual es marginado del resto y objeto de burlas. 

A mí se me ocurre un ejemplo bastante gráfico. Pongamos que los ideales publicitarios son la hipnopedia, que el soma son las drogas más comunes entre los jóvenes (alcohol, tabaco e incluso cannabis) y que la primera nos dice que todos somos de todos, que podemos acceder a cualquier ser humano como un trozo de carne con fines sexuales. Si alguien no cumple esto ante un entorno que es así... ¿verdad que sería marginado? Tal situación me recuerda al mito de la caverna: el preso se libera, rompe con todas las verdades estereotipadas, sube al mundo de la verdad, baja otra vez para mostrárselo a sus compañeros, y estos lo asesinan porque no quieren cambiar sus malas costumbres. 

Esto me obliga a plantear unas cuantas preguntas: 

¿Estamos obligados a vivir así, y en caso que no lo queramos, condenados a la marginación?

¿Existe la originalidad o todo se debe a la producción en serie?

¿Hasta qué punto somos libres los humanos del primer mundo, cuya sociedad es como la que muestra Huxley?

¿Escoger nuestros propios valores y romper con los estereotipos, como decía Nietzsche con la teoría del superhombre, está mal? 

¿Estaríamos dispuestos a ceder nuestros derechos fundamentales y nuestra libertad de pensamiento y expresión, a un hedonismo creciente cargado de malas intenciones?





jueves, 8 de agosto de 2013

Contexto histórico

Muchas son las anécdotas que voy recogiendo día a día, a través de las cuales elaboro reflexiones. Forma parte de mi modus operandi: intento analizar las situaciones lo más pragmáticamente posible y extrapolar alguna lección o observación. Entonces, en mi cesta de momentos a destacar y entorno los cuales reflexiono he encontrado uno que he hecho reposar como el vino, por tal que, con la espera, pueda obtener un resultado más o menos bueno.

Todo empezó cuando tuve una invitada muy especial en mi casa. Antes que esta llegase, observé que misteriosamente habían dejado un libro encima del sofá que trataba sobre una larga lista de sucesos históricos a través de fotografías ordenadas cronológicamente y que marcaban puntos importantes de nuestra historia contemporánea: Armstrong pisando la Luna, los tremendos efectos del crack del 29 en Estados Unidos, Einstein sacando la lengua ante la cámara, la construcción del Empire State. Y yo, bien interesada, me incliné a observarlo, a leer sus descripciones y a pasar la página con un movimiento repetitivo y delicado de los dedos. Una vez lo dejé, repasado y bien repasado, encima de uno de los imponentes cojines del sofá, llegó la famosa invitada. Ella tuvo una expresión de gran interés, mediante unos ojos maravillados mientras miraba la portada, llena de fotos en blanco y negro, quedó cautivada por su belleza.  Y ella, girando las páginas con mucha velocidad, de forma desastrosa y con poca delicadeza, comenzaba a exclamar: "¡ay, qué chulo!, ¡Has visto chica, qué bonita esta foto, qué bonita la mujer que aparece en ella? ¡Siempre he creído que esta tal Audrey Hepburn es muy guapa!".

Al oír estos vocablos con énfasis y fascinación superficial me quedé helada como un iceberg. Medio indignada y sorprendida, intenté calmarme y pensar: "Es normal. Mirar todo el día la televisión, criticar todos los personajes que aparecen allí y sus vestimentas tiene sus efectos". Y entonces, tras dar vueltas momentáneas al asunto, llegué a la conclusión que ese ser en mi sala de estar no era más que una muestra del poder de los medios de comunicación en las clases populares, haciéndoles preocupar por cosas tan mundanas como el físico, mientras que lo que realmente importa son la transcendencia de los hechos. Son los presos de dentro de la caverna, adultos o niños. Mujeres sumergidas en programas de belleza y en series de mujeres amargadas y desesperadas.

Entonces le dije:

- Este libro no es solamente de fotografía. Es de historia contemporánea.

Se puso de morros y, desinteresada, lo cerró de un golpe y lo dejó en el mismo sitio donde lo había dejado, decepcionada.

Y es que a veces nos preocupamos por cosas tan irrelevantes...