Hace poco leía, por motivación propia, sobre la neurosis.
La neurosis es una enfermedad mental ya catalogada desde el siglo XVIII. Sobre todo, es conocida porque el padre de la psicología moderna, Sigmund Freud (1856-1939), potenció su estudio y su posible cura: el psicoanálisis o la llamada "talking cure" (cura mediante el habla, a la cual rinde homenaje este blog, pero mediante la escritura).
Sigmund Freud decía que el hombre contemporáneo era neurótico. Y esto se debería a una cultura opresora que no permitiría dejarnos llevar por nuestros impulsos naturales o primitivos, generalmente sexuales. En la época de Freud la neurosis se mostraba a través de la histeria, y surgía principalmente de la cultura de su época, sus normas morales estrictamente ligadas a la moral cristiana y al auge de la burguesía industrial, que serían los causantes de esta enfermedad en la mayoría de población.
Actualmente, la psiquiatría ha rechazado completamente esta inclinación de Sigmund Freud de la represión sexual como principal fuente de la neurosis, y se ha limitado a decir que es, además, una represión en muchos más ámbitos, también sobre todo por la cultura y el orden social. Más concretamente, en la inadaptación del niño de nuestro interior a lo largo de su adentración en la edad adulta, con ese choque con la realidad existente, que el sujeto no sabe gestionar y se rebela contra ella. El neurótico imagina paraísos y fantasías muy lejanas respecto a la realidad (ser el mejor en algo, tener la casa absolutamente ordenada) , hasta que choca con ella y cae. Entonces se adentra en un mundo de frustración y vuelve a imaginar para paliar esa situación, de tal forma que nunca acaba de ser feliz. Envidia, refleja su vida en ideales que nunca acaba de alcanzar y siempre vive en un constante conflicto interior y con el mundo exterior, expresado mediante la rabia.
Se calcula que el 50% de los adultos del primer mundo serían neuróticos, y que el 100% de nosotros hemos sufrido, al menos alguna vez en nuestras vidas, un comportamiento neurótico o neura. Si nos fijamos en lo que dijo Freud y en la definición actual de la neurosis (enfermedad funcional del sistema nervioso caracterizada principalmente por inestabilidad emocional, según la RAE) el mensaje es el mismo: una inestabilidad emocional intensa. Los psiquiatras también coinciden en el impacto con la realidad como principal fuente.
Por lo tanto... ¿la neurosis es una enfermedad social?
¿Una proporción notable de adultos son "niños grandes"?
¿La sociedad y la cultura actuales son opresoras?
Comenta y debate.
Enlaces de interés:
http://neurosis.es/que-es-neurosis/
http://es.wikipedia.org/wiki/Sigmund_Freud
http://es.wikipedia.org/wiki/Neurosis
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viernes, 23 de agosto de 2013
La neurosis, ¿una enfermedad social?
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miércoles, 21 de agosto de 2013
Tropezar con la misma maleta
Hoy me encontraba en los andenes concurridos de la estación de Sants, en Barcelona. Había muchísima gente que esperaba un tren hacia al aeropuerto, cargada con sus maletas y acompañada de sus familiares. Hacía el calor típico del mes de agosto, acentuado por el hecho de estar bajo el suelo.
Con la sensación del sofoco y en medio de la multitud, mientras esperaba pacientemente el tren que me tocaba, he caído en algo que tenía frente a mis ojos y que ha hecho percatarme de algo importante. He visto un grupo de tres mujeres, madre, hija mayor e hija pequeña. Como he dicho antes, había un montón de maletas y... ¡pum! la pobre pequeña ha caído a causa del borde de una maleta que había en el suelo, precipitándose de golpe hacia éste. Calculo que la niña tendría unos ocho años. Ha estado unos segundos tirada al suelo, mientras gemía del dolor y protestaba ante la madre, que pasaba de largo y seguía adelante para ir a otro andén. La niña ha sabido levantarse sola, mientras soltaba alguna lágrima de susto, de dolor y, supongo, que también de la vergüenza de caerse en un lugar público. Pero la madre ni se ha dado cuenta, y si lo ha hecho, ha hecho caso omiso. En cambio, la hermana sí. Pero no se ha dirigido a ella con el fin de ayudarla, no. La hermana, de unos catorce años más o menos, se ha limitado a reírse de ella, porque se había caído y, por lo tanto, se había equivocado. ¿Y por qué?
Este hecho me ha sugerido que está demasiado mal visto equivocarnos en pequeñas cosas. Los niños se equivocan porque no tienen la experiencia suficiente para moverse en la vida y aún menos en las grandes ciudades como Barcelona, y en grandes y concurridas estaciones como la de Sants. Y a la vez los demás nos reímos o nos quejamos de los pequeños errores de los demás y, a la vez, ha habido alguien que lo ha hecho con nosotros.
Luego la madre ha ignorado igualmente el sufrimiento de la chica y la ha condenado con un mal gesto, por la molestia que le ha ocasionado, por haber robado sólo una pequeñísima fracción de tiempo de su vida neurótica típica de la vida adulta, con el fin que pudiese echar un vistazo a la rodilla herida. Hay veces que siendo pequeños nos faltan manos que nos ayuden a levantarnos o que nos den el antídoto para curarnos, para que luego podamos mejorar y no volver a caer en la misma piedra.
La creatividad, como el ser, se basa en equivocarnos repetidas veces y mejorar constantemente, siempre manteniendo la pasión por lo que hacemos y para vivir. Lamentarnos de los errores o de castigar a los de los demás no sirve de absolutamente de nada, porque es algo natural. Lástima que ahora sobrevaloremos tanto la perfección, cuando su obsesiva búsqueda tan sólo nos trae infelicidad...
Con la sensación del sofoco y en medio de la multitud, mientras esperaba pacientemente el tren que me tocaba, he caído en algo que tenía frente a mis ojos y que ha hecho percatarme de algo importante. He visto un grupo de tres mujeres, madre, hija mayor e hija pequeña. Como he dicho antes, había un montón de maletas y... ¡pum! la pobre pequeña ha caído a causa del borde de una maleta que había en el suelo, precipitándose de golpe hacia éste. Calculo que la niña tendría unos ocho años. Ha estado unos segundos tirada al suelo, mientras gemía del dolor y protestaba ante la madre, que pasaba de largo y seguía adelante para ir a otro andén. La niña ha sabido levantarse sola, mientras soltaba alguna lágrima de susto, de dolor y, supongo, que también de la vergüenza de caerse en un lugar público. Pero la madre ni se ha dado cuenta, y si lo ha hecho, ha hecho caso omiso. En cambio, la hermana sí. Pero no se ha dirigido a ella con el fin de ayudarla, no. La hermana, de unos catorce años más o menos, se ha limitado a reírse de ella, porque se había caído y, por lo tanto, se había equivocado. ¿Y por qué?
Este hecho me ha sugerido que está demasiado mal visto equivocarnos en pequeñas cosas. Los niños se equivocan porque no tienen la experiencia suficiente para moverse en la vida y aún menos en las grandes ciudades como Barcelona, y en grandes y concurridas estaciones como la de Sants. Y a la vez los demás nos reímos o nos quejamos de los pequeños errores de los demás y, a la vez, ha habido alguien que lo ha hecho con nosotros.
Luego la madre ha ignorado igualmente el sufrimiento de la chica y la ha condenado con un mal gesto, por la molestia que le ha ocasionado, por haber robado sólo una pequeñísima fracción de tiempo de su vida neurótica típica de la vida adulta, con el fin que pudiese echar un vistazo a la rodilla herida. Hay veces que siendo pequeños nos faltan manos que nos ayuden a levantarnos o que nos den el antídoto para curarnos, para que luego podamos mejorar y no volver a caer en la misma piedra.
La creatividad, como el ser, se basa en equivocarnos repetidas veces y mejorar constantemente, siempre manteniendo la pasión por lo que hacemos y para vivir. Lamentarnos de los errores o de castigar a los de los demás no sirve de absolutamente de nada, porque es algo natural. Lástima que ahora sobrevaloremos tanto la perfección, cuando su obsesiva búsqueda tan sólo nos trae infelicidad...
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