Writing cure: poesía
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domingo, 4 de enero de 2015

Pequeños gladiadores

Niñez y adolescencia
momentos de decepción e inocencia
camino lento a la senectud
a la adultez, a la amargura del que cree y no ve.

Adiós ilusión, adiós esperanza
adiós a aquélla niña ilusa,
miles de esperanzas muertas en batallas,
batallas de guerras impropias,
de distintos dioses, distintos dictadores
niños que de la noche al día fueron gladiadores.

Zapatos sucios, la ropa rota
polvo enredado en el pelo y en las botas,
llantos en una noche, un grito infantil
no son culpables de este juego tan pueril.

Niños abandonados y olvidados
banalizan su sufrimiento y su denuncia,
una niña se convierte en mujer
adulta para crecer y poderse defender
de una tradición insana
tradición de traiciones
de algunos que comentan y que ignoran
las miles de lágrimas, los lagos de los que sufren
ante el televisor ríen y lo discuten.

Y gritan, y opinan, y juzgan
sin ponerse sus zapatos,
sin notar la piedra
sin notar la herida que se abre en su cabeza
el sufrimiento por el prejuicio y la incerteza,
que un niño no tiene razón sin haber logrado crecer
bandos que se odian sin que nadie lo logre entender. 

Gladiadores de piedra que perecen,
gritan para su supervivencia
mientras lloran, cuando no hay sol,
cuando nadie les escucha ni les da amor. 

martes, 13 de agosto de 2013

Tempus fugit

Una de las mayores preocupaciones de las personas, sobre todo adultas, es el paso del tiempo. El tiempo es aquella cuarta dimensión, que surgió cuando explotó todo y se formó el Universo. Con el tiempo todo se originó, la Tierra;  y con ella, luego nació la vida, y luego aparecimos nosotros, los seres humanos.

El tiempo es bueno. Gracias a él crecen las plantas y dan sus frutos, dejan su huella de vida en el mundo y mueren. Los seres vivos dejan su huella y permiten la supervivencia de la especie. El tiempo es bueno, porque marca el inicio y el fin y pone las cosas en su sitio. Hace evolucionar las especies y genera la Historia, la maestra de nuestras vidas. 

Pero la gente tiene miedo del tiempo. Ya se sabe, como dijo Jorge Manrique, nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. No exactamente el ser humano tiene miedo al tiempo, sino al morir y al envejecer. Las mujeres enloquecen al ver que pierden la juventud y van en busca de productos y soluciones para evitarlo. Después, los adolescentes y los jóvenes glorifican su etapa por el miedo a que cuando envejezcan sean infelices, y lo hacen sacrificando su cuerpo, porque a la vez creen ser inmortales, junto a las botellas, junto a las sustancias que les hacen soñar.

Las personas pasan el tiempo, pierden el tiempo, ven el tiempo pasar, juegan con pasatiempos. Se compran relojes para llegar justo a tiempo al trabajo. Luchan para conseguir su mejor tiempo. Quieren terminar sus tareas en el menor tiempo posible.

Todo tiene un inicio y todo es finito, y nosotros somos finitos. Somos niños, crecemos, somos adultos y luego mayores. Hay niños que no crecen nunca y quedan encerrados en un cuerpo de un adulto, sin poder vivir felices con el exterior. Niños que son más adultos que sus padres, porque necesitan menos tiempo para crecer.

El tiempo es juez y es maestro, es una fuerza muy importante en nuestras vidas que armoniza el Universo, que las da y las devuelve a quien lo merece. El tiempo es muerte, pero a la vez es vida, música, justicia, verdad.