Writing cure: pseudoliberalismo
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jueves, 29 de agosto de 2013

Sexismo explícito y viral

Recientemente he visto muchas críticas en Internet sobre la actuación de Miley Cyrus en los VMA's awards. A pesar de que no admiro el mundo de la música pop y de que normalmente no le presto demasiada atención, prefiero dedicar este artículo al sexismo que mostraba dicho espectáculo.

Desde un principio se ve una Miley Cyrus con el pelo muy, muy corto y una especie de moños encima de la cabeza. Hace gestos provocativos y lleva un vestido provocativo. Llega un hombre vestido de rayas blancas y negras, de apariencia joven; y ella se arranca lo poco que lleva hasta quedarse en ropa interior de color carne, simulando su color de piel. La chica aún incrementa sus intentos de parecer sensual cuando aparece el hombre, pero acaba pareciendo más bien basta. El hombre, mientras tanto, recita frases en inglés vulgar refiriéndose explícitamente a hechos del acto sexual, de tipo más bien machista, mientras que ella simula ser contenta y enorgullecerse de ello. El hombre es Robin Thicke, de 36 años, casado y con un hijo pequeño. Miley fue una actriz de Disney y era protagonista de Hannah Montana, una serie destinada a todos los públicos pero hecha para niños y pre-adolescentes.

Recientemente me ocurrió un hecho anecdótico. Escuché una canción en la radio que me gustaba mucho por su ritmo, a pesar de no entender muy bien la letra, ya que mi comprensión del inglés americano y cantado es pésima. La busqué bien y me apareció el nombre de Robin Thicke, y por curiosidad miré el videoclip subtitulado. Y de repente, no sabía si poner una cara de sorpresa o de asco, o directamente enfadarme.


En resumen, esa canción tan "chula" que había escuchado no era más que la muestra de la dominancia del hombre hacia mujeres guapas, modélicas y bien arregladas, a partir de tratarlas como un animal o bien como un objeto sexual, tal y como ya pueden ver en los primeros minutos del vídeo.

No sabemos lo que escuchamos, lo que admiramos o bailamos...


Pero mi objetivo no es fijarme ni en la actuación, ni en los videoclips, ya que este artículo no va a cambiar la producción de éstos. Simplemente resalto la ignorancia que tenemos ante el mundo de la música. Si ya teníamos suficiente con ese género musical llamado reggaetón, ahora el machismo implícito o explícito en el mundo de la música es casi viral. Como había dicho en mi artículo anterior (Sobre la ética y el interés), somos personas perezosas moralmente, con lo cual a veces podemos tolerar conductas que van en contra de nuestros principios o de los principios que defiende un país. Este es el caso de la igualdad entre géneros, que en España y en la mayoría de los países del primer mundo es algo clave para el progreso ideológico y ético a nivel estatal.

... Y el porqué lo hacemos


Muchas veces no nos conocemos demasiado a nosotros mismos y, aún menos, al funcionamiento de nuestras mentes. Hay nuestra parte consciente, y luego la inconsciente: la emocional y la instintiva. Sobre el papel, siempre se ha dicho que nos tenemos que centrar en nuestra parte racional, pero el resto, que es el más sensible, ha sido bastante ignorado, a pesar de ser el más peligroso. ¿Y a qué se debe eso?

Lo que tampoco termino de comprender es el porqué se asocia la desnudez de la mujer o el vestir de un modo provocativo con la liberación del género femenino. Es bien cierto que estos comportamientos pueden llevarse a cabo, claro está, pero en situaciones adecuadas y con la intención adecuada. Si éstos son excesivos y bastos, ¿qué pretenden demostrar? ¿que una mujer está ansiosa de tener sexo, hasta el punto de rebajar su dignidad personal o someterse ante el hombre? 

Pero la fórmula es muy sencilla: basta en reducir el ser humano en su estado más básico, ya sea emocional (inseguridades, miedo a la exclusión social) o instintivo (sexo, comida) y combinarlo con las ansias de novedad que todos tenemos. Así entonces, somos mucho más manipulables y a disposición total de los intereses de los poderosos.  







Sobre la ética y el interés

La moral es un tema que debería de importarnos a todos en cierto grado, pero no se habla mucho de él. Siempre se ha dicho que existe una moral generalizada en cada sociedad, con mayor o menor cumplimiento, o con más o menos transgresiones respecto a las morales de otras culturas. Las normas morales no se plasman en las leyes, pero existen de forma quizá un poco desdibujada en cada uno de nosotros y que son de cumplimiento obligatorio o no.

Toda moral y ética debe de estar libre de intereses, ya que ética e interés son términos excluyentes y nunca deben de ir juntos, porque los actos éticos se hacen sin esperar nada a cambio. Hay muchos países que a nivel internacional inician conflictos, sobre todo bélicos, en nombre de la moral, en este caso lo que pasa ahora con Estados Unidos con Siria y como había hecho ya anteriormente con Irak, mientras lo único que se perseguía era beneficiarse del petróleo de ese país y con el tráfico de armas.

Sócrates, a partir de sus diálogos con los ciudadanos atenienses, estableció que existían unos mínimos morales, presentes en cada uno de nosotros: el respeto, la fidelidad, el honor, el amor. Después Platón trasladaría esta filosofía en forma de ideas, entidades inmutables y absolutas.

Según mi punto de vista, hay unos máximos morales, es decir, que son subjetivos según la persona, cogidos por voluntad propia. Uno de los principales problemas de las morales son la imposición de máximos, como por ejemplo el problema del aborto. En el caso de España, se quiere limitar el acceso de las mujeres al aborto, ya que el partido en el gobierno, el Partido Popular, cuyos miembros suelen ser católicos y conservadores, no les parece moral y creen que es un asesinato. Entonces, se está limitando la libertad de la mujer para decidir si querer ser madre, porque algunos que se encuentran en el poder político se muestran contrarios a él.

La imposición de máximos morales y su inflexibilidad se plasman, sobre todo, ante la supremacía que ha tenido la Iglesia Católica durante tantos siglos en la Historia de la humanidad. Su cumplimiento se aseguraba a partir de la exclusión de la masa ante a quienes no la cumplían, su persecución o acoso, que se ejercía principalmente a través de la Inquisición. Por lo que veo, esta represión ha causado un deseo de rebelión ante ésta, generando una rebelión auténtica ante sus principios morales (como la castidad) y una versión contraria e incluso esperpéntica que ha ido transmitiéndose hasta las generaciones actuales.

El problema del pseudoprogresismo y la falta de mínimos morales

La moral surgida ante la reacción de la ética judeocristiana, ahora mismo está actuando como ésta anterior. En algunos casos se margina a quién no la cumple (o al menos he visto yo en mi contexto cultural y social, y por lo que veo muchas veces en anuncios y los medios de comunicación), ante una oleada de progresismo que ha surgido y dominado durante los finales del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI. Es decir, se condenan otras formas de pensar, muchas veces, en el mismo nombre de la libertad. 

La población occidental actual no ha sido suficientemente ni bien educada, ni es bien consciente de los mínimos necesarios y auténticos para mantener la paz y evitar los conflictos ante las diferentes éticas que pueden convivir en nuestra vida cotidiana. Los mínimos más mínimos y absolutamente necesarios e indiscutibles, para lo que veo en el mundo actual, son el respeto, la tolerancia, la conciencia de que no existe un pensamiento único (si fuese así, no existiría la filosofía) y la apertura ante nuevos corrientes morales o culturales, de tal forma que cada ser humano tenga la suficiente necesidad de reflexionar.

Esta "pasividad de reflexión" que tenemos en las sociedades del primer mundo hace que se nos impongan morales que quizá no desearíamos, de forma inconsciente. Por ejemplo, sobre el papel somos sociedades con la igualdad entre hombre y mujer total, pero hay veces que toleramos comportamientos tanto machistas como hembristas (hablaré próximamente de ello), que de antemano serían indignantes para la mayoría de nosotros pero que, ante nuestra pereza moral, tomamos como algo normal. Es como si a un niño pequeño no le gusta la zanahoria y le dan potitos con trozos de ésta batida. Nos lo tragamos sin más, pero no sabemos exactamente qué nos tragamos.