Writing cure

domingo, 6 de abril de 2014

A la deriva

Creer ser pluma en viento de cambio
Fue una ilusión pasajera
Porque ahora soy solo fracaso
Víctima de una emoción viajera

Creía que sería un ser nuevo
Un superhéroe con superfacultades
Que podría salvar a la gente
Y sobrevolar las ciudades

Pero ahora soy capa de luto
Una gabardina de color negro
Mientras el plateado del llorar escondo.

Ríos negros que recorren mis mejillas,
Con sus pasajeros de un barco sin rumbo,

Barco que ya ha naufragado. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Campanas de luto

Suenan las campanas de una iglesia
Su melodía de luto es sorda para ellos.
No pueden, no pueden.
No sienten, no sienten.
Es la insensibilidad de los que nunca duermen.

Porque en el Apocalipsis
Ellos vieron sangre, ponzoña suya en ella.
Salen de noche, para que los humanos no sepan
Que nadie les esperará en casa en casa,
 y que tampoco esperarán a nadie.

Los muertos vivientes andan por la noche.
Buscan sus presas para alimentarse,
Pues son los zombis que roban sonrisas para nutrirse,
Que asesinan vidas para reírse,
Que cavan tumbas sin enterrarse.

Una noche de marzo ellos mataron
Pero sin dejar cadáver
Una vida adorable que era
Llena de sol y flores
Que de viento helado se marchitaron

Terrorismo de sentimientos nunca condenado.
Tolerancia ante montañas de cadáveres que alzan su orgullo.
Y nadie, nadie será castigado.

Aunque suenen las campanas de una iglesia,
Recordad que los vampiros serán vampiros,
Los lobos serán lobos,
Los buitres serán buitres,

Y los cuervos serán cuervos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Dualidad

Hoy he soñado contigo. Y no sé si decir si he soñado o si realmente te he visto, pues eres tan impredecible y tan cambiante que no se puede tener ninguna seguridad sobre tí.

Algunas veces eres sol, porque ayudas a las personas a encontrar su camino. Pero otras veces eres sombra, porque te escondes detrás de los demás y los vigilas sigilosamente, sin que se den cuenta. No eres fantasma porque tienes forma y tienes voz. Y tampoco eres fantasma porque tienes sonrisa, que eclipsa completamente cualquier duda que podamos tener sobre tí.

Tienes fotografías en las que siempre sales igual. Eres como el actor que reproduce cien mil veces la misma función. Mas no sé si eres actor, si eres público o si eres guionista, o si eres las tres cosas a la vez. Tus miradas son el polígrafo que retrata la verdad, pero a su vez tus ojos son mentira, son pura ficción. Son una película de pura psicología atormentada, que busca esconderse tras los matojos del andar solitario, del llorar por las noches pensando qué hacer con su vida. Eres Drácula pero luego eres Superman, un día eres Dr Jekyll y luego Mr Hyde. Una semana eres veneno y la otra eres medicina, un mes eres verano y en el otro invierno; por la mañana eres ángel y por la noche eres demonio.

Pero tus fotografías son las mismas. Y en ellas nunca aparecen ni cuernos, ni cola de pecado, ni alas de ángel. Sólo una sonrisa perfecta, de oreja a oreja, típica de los vencedores que nunca han tenido nada que vencer.

lunes, 10 de marzo de 2014

El miedo

Ya desde unos meses hay fantasmas que me corroen por dentro, o traumas que creía muertos y enterrados, y que han despertado cual zombis.  Los fantasmas y zombis se han convertido en odio, a veces justificado, otras injustificado. Pero el odio es un veneno corrosivo que te destruye por dentro y que implosiona. Por eso, es necesario sacarlo antes posible, como esa gangrena que debes mutilar antes de que se extienda en otras áreas del cuerpo.

Ahora ya sufro las consecuencias de no haber extirpado el tumor a tiempo. Han aflorado los miedos de antes y mi peor yo, siendo alguien que realmente no era y, en un ejercicio de introspección realizado un viernes por la tarde, no he tardado mucho en encontrar las razones que lo provocaban. Pues llevo demasiado tiempo aguantando una falsa filantropía que disfraza sentimientos recesivos, y el tener que ir con una sonrisa a lo alto para no llamar la atención de los buitres hambrientos de temas de los que hablar por el hecho de saber que en cualquier momento me arrancarán la lengua, como la molestia que le causa a un padre su hijo recién nacido por las noches. Demasiado egoísmo, chulería, doble moral y peloteo que caracterizan el liberalismo rancio que se nota en la atmósfera. Muchas veces las palabras no pueden cambiar el mundo porque muchos no tienen oídos para escucharlas, pero lo que es una verdad irrefutable es que el tiempo pone cada uno en su sitio, por lo que tan sólo hace falta esperar a que se produzca la deseada relación causa y efecto.

Si no me he lanzado a la piscina de agua helada hasta ahora es por el miedo irracional a la soledad, y digo irracional porque esa soledad, aun así, será inexistente, como el hipocondríaco que teme a una enfermedad fantasma o el paranoico que cree que será asesinado la siguiente semana. Y es así cómo se valora más lo que se tiene que lo que no se tiene, para poder salir de nuestras fobias del pasado y finalmente salir a la superficie de la piscina, que es el statu quo y aspirar a un mundo mejor. Todos los inicios (y aún más las rupturas) son difíciles, pero son una gran oportunidad para salir adelante, pues sólo se puede construir una nueva casa si la derribas y empiezas de cero. 

El exilio es el precio del riesgo de haber visto el peor lado de la mísera condición humana, del ridículo, de la incultura escondida bajo el lujoso tapiz de sobresalientes en el colegio, de haber descubierto la auténtica estructura de la mafia, con sus capos, sus víctimas (entre las cuales no sé si incluirme, pues por orgullo no lo haría) y su enorme juego de complicidades entre vencedores y vencidos, entre influyentes y no influyentes, entre activos y pasivos, entre sumisos y fustigadores que se plasma en risas relativas al físico del bufón de turno o de sus actitudes que, desde una perspectiva privilegiada y prepotente, desprecian, creyéndose modelos de Victoria's Secret o de unas personalidades perfectas, mientras que éstas son auténticamente lascivas y muy parecidas a las de personajes como Kiko Rivera o Belén Esteban.

Es la clave para evitar la locura que ya aflora y que está a punto de dominarme por completo, además de ahogar todas mis potencialidades (que, por supuesto, fueron menospreciadas por no incluirse en su lista de conductas socialmente toleradas). Porque mientras unos ya van cavando su tumba (y la de los demás, hecho que me saca de mis casillas), otros construyen una casa, una partitura, un templo, un libro o un futuro viviendo en Nueva York.


Os aconsejo que si os encontráis así, dejad lo que tanto os corrompe, y sed auténticamente vosotros mismos. Vale la pena. 

jueves, 27 de febrero de 2014

El límite de la broma

Hoy me he acordado de que tengo un blog.

Estoy demasiado ocupada estudiando para un examen de Derecho Penal que tengo mañana mismo. Pero aún así tengo tiempo de decir algo sobre un documental que vi la noche del domingo, del cual poseía grandes expectativas y que finalmente resultó ser una broma. Hablo del documental de Jordi Évole sobre el 23-F, sí. Ya me extrañaba a mí que tanta gente hablara como si nada sobre algo que parece ser un secreto de Estado sin temer por su muerte o por coerciones físicas sobre sus seres queridos.

Parece ser que la "broma" era para hacernos reflexionar sobre cómo los medios de comunicación (espero que también pensara en el mismo canal, LaSexta) nos colan goles sin descanso y llegamos a tragárnoslo todo, sin más. Eso desde la perspectiva de haber hecho un trabajo de la manipulación informativa para el final de bachillerato, está muy bien y gran falta que hace para que de una vez se nos caiga la venda que llevamos en los ojos (me incluyo) y que, de una vez por todas, empezamos a pensar sobre qué hacer para cambiar las cosas.

Ahora bien, el tema no estaba muy bien acertado: hablar del 23-F en un veintitrés de febrero de 2014, haciendo un documental que parece en un principio que lo va a petar, y que después resulte que es una broma de mal gusto (eso es lo que algunos ven), afecta bastante (por no decir mucho) a las generaciones anteriores, y aún más a las que vivieron la guerra. Me recuerda a esa especie de cinismo pseudo-progre que tanto odio.

Pero es que hay que entender que para las bromas hay un límite. Y no sólo en el ámbito televisivo, ni en el mundo del espectáculo, ni en el ámbito de la política y, para ponerlo más sencillo, en el ámbito de las relaciones sociales.

Hay quien justifica sus errores con bromas. Hay quien disfraza de broma toda su maldad, como esa chica que llama gorda a la otra para sentirse bien. Es típico en este país, donde muchos lanzan la piedra y esconden la mano. Es esa arrogancia con la que se va por la calle mirando por encima del hombro a los demás típica del que tiene algo que no se debe saber, o de esos brokers que van de superhéroes de la economía cuando son peores que Satanás. O bien esos que, bajo el título de la mayoría de edad, creyéndose héroes del tiempo y del hedonismo infinito, ridiculizan hasta la náusea a otro que piensa diferente, escondiéndose cual niño que ha hecho una travesura y teme al castigo, evitando la disculpa y, mientras tanto, con una falsa filantropía y una sonrisa de adorno, te saluda con amabilidad, pensando que la noche siguiente se cachondeará de la anécdota con sus colegas en un bar céntrico de Barcelona. O ese que planea la muerte del presidente Kennedy y se excusa diciendo que se trataba de una sencilla travesura.

Como me dijo un amigo que tenía hace ya muchos años, detrás de la broma la verdad se asoma, y puede ser que algo importante se asome tras la broma de Évole, y quizá muchas otras cosas detrás de las bromas de cada día. Y ahora me percato de cuánta razón tenía.