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martes, 25 de agosto de 2015
sábado, 22 de agosto de 2015
Bernini, el tiempo y una dulce verdad
En Roma se encuentran muchos sorpresas. Es un lugar prodigioso para los humanistas, para los que se emocionan con el arte, los que buscan el significado a todas las obras pictóricas y escultóricas y para los que el arte es un medio perfecto para expresarse.
Me hallaba yo, perdida entre tantas iglesias, entre tanto oro en el Vaticano, entre tantos y tantos espejismos dados por el calor en pleno agosto, que me encontré con ese grupo escultórico del que no tenía noticia dentro de la Galleria Borghese, ubicada en la zona alta de Roma. La entrada valió la pena: en ella se albergaba la mayor colección de las obras de Bernini, el escultor oficial del Vaticano durante el papado de Inocencio X. Sus pliegues característicos y el retrato perfecto del movimiento en el David. El recuerdo de la Guerra de Troya con Eneas y Anquises. La transformación mitológica de Apolo y Dafne y su perfección a la hora de limar y pulir el mármol detalle a detalle.
Nunca la terminó, ni fue un encargo de nadie. Era un retrato íntimo, intimísimo, dado que el Papa había muerto y, con su sustitución, lo prefirieron a Borromini antes que a él. Un momento de crisis, crisis por la que se caracteriza el Barroco, corriente artístico en el que él se hallaba y, a su vez, en su contexto personal.
La verdad revelada por el tiempo (La Verità en italiano) es una alegoría sobre que la verdad, a la larga, acaba saliendo, con toda su belleza y bondad, sentada ante la Tierra y dominando todo el mundo conocido. Por ello, la representa como una mujer con los cánones de belleza del momento, denotando una gran fertilidad; riendo y siendo destapada por el tiempo, que a su vez es el tiempo que se lleva por delante ese mantel. El mantel que la cubre, el engaño, la ignorancia y el desconocimiento de ella, se releva cuando el viento de la verdad llega y destapa toda su grandiosidad y belleza. Como siempre, Bernini es fiel a sus pliegues y a su absoluta fidelidad al retrato de emociones y del viento, como se podía observar en el Éxtasis de Santa Teresa.
La descripción, escrita en latín, retrataba su situación personal, que a su vez era una muestra más de soberanía del artista sobre sus medios para conseguir sus obras.
Simulacrum veritatis tempore detegendae.
martes, 17 de marzo de 2015
La dictadura de los débiles
Ya es sabido, como muchísimas veces he podido observar y muy poquitas escribir, que el mundo justo es el contrario que debería de ser, o al menos al revés de lo que nos han hecho entender. Algunas veces observo a aquéllos que se conocen como los "ganadores", los "superiores" en general, es decir, aquéllos en los que nuestra psique identifica como a alguien que está por encima de nosotros, aceptando nuestra bajeza como algo natural, que debe de aceptarse. Sino, podemos fijarnos en lo bien que les ha ido a tantos gobernantes y dictadores durante la Historia de la humanidad que, con un perfecto dominio de la moral y de la información, ejercieron un auténtico lavado de cerebro a la población para aceptar que ésta era súbdita de alguien aparentemente impuesto.
Pero hagamos un breve ejercicio mental. Fijémonos en el Generalísimo Francisco Franco:

Y ahora despójalo de todos los títulos militares y políticos que se le atribuyeron, y vístelo con unos tejanos y una simple camisa, escuchando de fondo y de forma repetitiva su voz aflautada, y fíjate en su bajeza mental y emocional. Nos vamos a encontrar con un ser inútil, de baja estatura por ser militar, y muy posiblemente con una carencia de autoestima lo suficientemente fuerte como para que se viera obligado psicológicamente a fusilar a cualquier ser semoviente con un pensamiento distinto. Muy posiblemente fuera lo que hoy llamaríamos un inadaptado social en el Ejército, principalmente por su físico y su voz extremadamente aflautada, su personalidad más que deformada psicológicamente y su ignorancia llevada al extremo.
Este es un claro ejemplo de lo que pasa hoy en día: los grandes inadaptados de la sociedad son los que consiguen, por medio de sus propias venganzas personales, alzarse en los puestos de poder y desde estos ejercer el mal más absoluto, revertiendo totalmente este ciclo, dado que se adueñan del poder de la moral y de la definición del bien y el mal, marcando pues lo que se considera socialmente adaptado y lo que no.
EL MITO DE LA ADAPTACIÓN SOCIAL
¿Qué nos viene a la cabeza cuando hablamos de "adaptación social"?
Nos vienen a la cabeza nuestros parajes en el instituto, cuando por no llevar una camiseta de marca nos consideraban excluidos socialmente, o cuando no queríamos seguir gilipolleces indignas por parte de los demás, como grabar a alguien haciendo el ridículo en estado de embriaguez o bien perder la dignidad cada noche de sábado. Es el problema de miles de jóvenes de hoy en día que, para suplir una carencia emocional más que evidente, se emborrachan en las fiestas de Barcelona en Plaza España hasta el borde del coma etílico, dejando su salud y su autoestima por el suelo, en virtud de gustar a una serie de individuos de la misma especie, que a su vez buscan solventar de una vez por todas su evidente incapacidad social.
Pero no sólo pasa en los institutos: también pasa en las oficinas o incluso en las Universidades, donde se ha construido el mito, muy posiblemente de influencia americana, en las que la época universitaria se dedica a la diversión, mientras que debería destinarse principalmente a construirse a uno mismo y encaminarse seriamente hacia el saber que nos conducirá a ser alguien el día de mañana.
El problema reside en que estos individuos, sin ningún respeto hacia los demás y un constante egotismo, son extremadamente tendientes al chisme constante y a la humillación del seguro de sí mismo, por tal de autorrealizarse y ganar salvajemente un puesto en un contexto social. Tan sólo hace falta fijarse en la política, donde seres totalmente incapaces tanto en lo psicológico como en lo intelectual se alzan en los puestos de poder a base del enchufismo, el tráfico de influencias y el peloteo mutuo, pues con este busca suplir las deficiencias psicológicas de los más miembros.
En conclusión: nos encontramos con seres que se doblegan hasta el punto de la deformidad psicológica, haciendo el ridículo en las redes sociales, y que están cual GPS buscando seres con los que compartir su bajeza psicológica aceptada y sus complejos más que exagerados.
En conclusión: nos encontramos con seres que se doblegan hasta el punto de la deformidad psicológica, haciendo el ridículo en las redes sociales, y que están cual GPS buscando seres con los que compartir su bajeza psicológica aceptada y sus complejos más que exagerados.
Porque si fuéramos seres libres, democráticos y tolerantes, con unos valores más o menos homogéneos, muy posiblemente no harían falta normas tribales o cumplir con la rebaja constante de la dignidad tan sólo por ser aceptados en un triste grupo; y bastaría además con saber convivir con nosotros mismos en soledad para aprender a aceptar al diferente, o saber reivindicarnos como nosotros mismos en situaciones problemáticas de la vida. La verdadera adaptación social es tener la fortaleza interior suficiente para asumir unos principios válidos para todos, a partir de la cual uno se ve perfectamente capacitado para relacionarse con seres diferentes pero iguales a él. Y muchos no la tienen, dado que esta fortaleza debe trabajarse.
MORAL DE REBAÑO
Y aquí es dónde empieza lo que denomino, en palabras mías, la venganza de los débiles.
Todo ser indigno tiene que recomponer su imagen, dado que ya da por aceptada su bajeza y su inferioridad como algo natural. Entonces se recurre a la solución fácil, la que carece de menos madurez emocional, y es a la de doblegarse a la moral de seres psicológicamente iguales que se enmascaran bajo una fortaleza totalmente abstracta, e incluso indigna hacia los ojos ciegos de la gente. Esta moral de rebaño hace que automáticamente nos rindamos a seres que aparentemente son superiores a nosotros, dando lugar a consecuencias catastróficas a escala global, o en un contexto más privado, culminando en casos de bullying, muy frecuentes hoy en día.
Esta moral de rebaño, completamente superficial, sin necesidad material alguna y fruto de sentimientos tan profundos como el resentimiento o el rencor, es el baremo sobre el cual uno se considera adaptado o no. Desfiles de Victoria's Secret y chicas que resuelven sus complejos recurriendo a la bulimia; niñatos de catorce años que son adictos a la marihuana sólo para contentar a sus amigos, o incluso adultos que necesitan presumir constantemente de tener un número X de amistades, colgando incansablemente su vida social en Instagram, haciendo el vacío a otros para autorrealizarse o para alcanzar un rol de poder en un simple y triste grupo de amigos.
SOCIEDAD Y TABÚ
Pero la venganza de los débiles no culmina aquí, dado que la moral de rebaño no sirve para nada si no se establecen ciertos tabués. Me explico.
Además de que uno se califique de inadaptado social, se tienen que asegurar unos mecanismos fijos para que éste no pueda reivindicar o tomarse la justicia por su mano, es decir, se tiene que impedir intrínsecamente que este individuo salga de la cáscara de las normas sociales, ya que sino a estos inadaptados sociales a los que llamamos superiores (y que ahora mismo están, por ejemplo, dirigiendo los bancos donde tenemos nuestros ahorros) se les acaba el paraíso, dado que no es más que un castillo construido sobre las nubes.
Si nos fijamos en las leyes, y sobre todo en materia de seguridad ciudadana, veremos recogida la expresión "alteración del orden público". Con esta categoría tan generalizada, se puede manejar el orden público a conveniencia del que pone las normas de la moral, esta vez por medio de los medios de comunicación y su selección más que evidente ante lo que se considera un liante (véase el Pequeño Nicolás) o un violento.
Pues ahora esto, a escala social, se tapa con la filosofía del buenrollismo. Con esto, nos vamos a encontrar muchas personas impedidas para expresar francamente lo que piensan o defenderse en público, por miedo a que pueda romper una harmonía puramente formal, porque como a muchos les habrá pasado se han encontrado con traiciones, chismorreos varios o vacíos hechos a otras personas, muy posiblemente en base a la bajeza emocional y el temor a alguien seguro de sí mismo. De este modo, el que exprese libremente lo que piensa, el que quiera enfrentar directamente y públicamente una controversia ante una injusticia más que evidente, será directamente tachado de problemático, dado que habrá roto, aunque sea temporalmente, este buen rollo puramente de anuncio de pasta de dientes.
Estoy harta de encontrarme cartelitos y postureo de todo tipo, libretas con mensajes buenrollistas (que incluso yo he llevado, he de admitirlo) con las que sólo por esta maldita estampa te cobran quince euros de más; y sobre todo frases de filosofía quinceañera o del corte de Paulo Coelho, con las que vamos explicitando cada vez más nuestra bajeza emocional, cubriéndola con frases estúpidas y demás, con el afán de mostrar al exterior que no somos carentes de fuerza emocional.

EL ENEMIGO
Pero hay alguien que puede deshacer o entorpecer estos maquiavélicos planes.
Es el caso del que ignora estas normas impuestas y no deja que ni su pensamiento ni su moral se doblegue ante este fenómeno, y el que denuncia las injusticias ante los demás, y parar de una vez por todas que las personas con una incapacidad emocional más que evidente se alcen en los roles de poder.
Porque sin lugar a dudas, son este tipo de personas, tan admirables, que poseen unos valores de fortaleza y de amabilidad, las que realmente son beneficiosas para la sociedad, muy desafortunadamente siendo objetos de burlas constantes. Personas que, sin lugar a dudas, podrían ser los médicos que salvan a tus hijos, o que estarían dispuestas a morir por un ideal que realmente valiera la pena, o a sacrificarse para su carrera académica constantemente, sin ánimos de peloteo y superando cada obstáculo que se encuentra por el camino.
Y a este tipo de personas se le ha calificado de "enemigos", personas con carácter y seguras de sí mismas, que saben lo que quieren y cómo conseguirlo. Normalmente, hemos relacionado a alguien que tiene un carácter fuerte como una persona problemática, extremadamente manipuladora y violenta, hasta tal punto de llegar a quedarse sólo; mientras el "carácter fuerte" es una seña de identidad, una fortaleza que se tiene para no dejar la dignidad aparcada a un lado, para defender lo que es propio. Cuando es justamente al revés: las personas deficientes socialmente son las más manipuladoras, rencorosas y las que acuden más a la violencia (sobre todo emocional) para lograr sus fines.
domingo, 8 de marzo de 2015
Senectud
Abro un viejo armario y entra por mis fosas nasales un aire cargado de nostalgia. Mis sentidos no hacen gran esfuerzo para adivinar de qué se trata. Es un recuerdo, que de nuevo me invade en una estampa de nostalgia y de un paseo de los lugares más recónditos de mi niñez.
martes, 3 de marzo de 2015
Parecía que fuera ayer - Especial 5000 visitas y 100 artículos
Parecía que fuera ayer.
Fue hace poco cuando, en mis quince años casi cumplidos, empecé a manejar en mis manos los primeros artículos de Pérez Reverte. Hacía relativamente poco que me había leído una saga de libros estrictamente comercial, llena de clichés y de amores adolescentes, pero el hábito de la lectura me empujó a leer aún más.
martes, 17 de febrero de 2015
Psicosis cultural
Me pierdo en una mirada de Pablo Picasso. Intento descomponer mi imagen, intento descomponer mi mente, mis emociones, mi cabeza, mi cuerpo. Soy un desorden, como aquél castillo de Lego que rompía de pequeña tras un buen rato de ingeniería pueril. Derribo todo lo que fui, lo que soy y lo que he sido. Y me reconstruyo en un aliento, en un lloro, en una obsesión, en amores pasados que tanto me costaron olvidar, en mis complejos de la adolescencia, aquéllos que se clavan como cuchillos en un hueso durante la madurez. Me pierdo en Jacques Derrida, deconstruyéndome, encontrando el origen de mi vida, de mi moral, de lo que soy ahora, de lo que seré en un futuro. Y me reconstruyo, imitando al fénix que vuela o que resucita. Busco un cielo y nuevas oportunidades. Nada.
Me pierdo en personajes como Lisbeth Salander, mirando de comprender a la sociedad ante su repudia. Miro de hacer justicia en aquello que me afecta personalmente. Ganas de venganza, sana o no. Intento hacerme la dura y la difícil, ocultando lo que siento y lo que pienso. Y me pierdo entre libros de Sigmund Freud, sabiendo la toxicidad de esta situación, lo que produce el tabú, la teorización de la familia y hacia dónde va la soledad.
Me pierdo en las notas de un piano. En una base de rap, entre los versos de García Lorca, escuchando música de Nancy Sinatra. Noches de bohemia, pensando en qué me equivoco y en lo que debo de hacer.
Y pinto. Y escribo. Y compongo. Y pospongo lo que debería de hacer, a la espera de que lleguen mis días de gloria.
jueves, 5 de febrero de 2015
Violencia y género
Últimamente estoy muy puesta en lo de escribir artículos de mi vida personal, así que proseguiré. Quizá éste sea el más polémico que he escrito hasta ahora, y a la vez el más complejo de entender y que requiere una mente aún más abierta.
lunes, 2 de febrero de 2015
Vencedores y vencidos
Amanezco en mi pueblo, sol y viento gélidos. Masquefa amanece silenciosa, las casas blancas y de colores fríos relucen en un sol que sólo ilumina un pueblo sumido por la tristeza profunda. Hoy se siente pena por el drama. El drama de un adolescente que puso desenlace justo el día antes, porque no aguantaba más. Su pecado: ser bisexual. Los asesinos, en paradero desconocido y escondidos bajo la máscara del cobarde, el que tira la piedra y esconde la mano, reflejo de una enfermedad social, que es la hipocresía, la intolerancia y el sadismo no sólo de adolescentes, sino de incluso gente mucho mayor y que se proclama madura. La necesidad infantil y rastrera de joderle la vida a los demás, no sólo ni únicamente con hostias, sino con risas, vacíos, engaños, murmurios y discriminación.
Valientes hijos de puta que se esconden tras haber matado tras una cuchillada limpia, perfecta, abriendo una herida y una brecha emocional en amigos y familiares. Sus guantes blancos no se verán sangrados, es la impunidad de aquél que intenta joderle la vida a otro sin dejar rastro, ante los ojos de una sociedad que prefiere ignorar antes que luchar y vencer. El ostracismo que conduce a la autodestrucción, aquél causado por la no-pertenencia a un grupo o a un clan, por no seguir el tribalismo de compañeros de trabajo encegados por la competencia para conseguir un puesto o por el castigo a las miles de ovejas negras de algunas familias, que tienen que ser desterradas por el simple hecho de reivindicarse como individuo.
Y yo ando, por el pueblo que ya se convierte en ciudad, un lunes por la mañana dispuesta a hacer unos recados en la universidad. Y pienso en la enfermedad y en la empatía hacia ésta, la inmunidad que tenemos todos nosotros, y el rencor y la pena que siente una persona que acabó siendo la anoréxica de la clase, porque cuatro animales y una mujer mayor se animaban a llamarla gorda, mientras las ratas que perseguían a los flautistas les hacían de coro, negando que nada había pasado. Y recuerdo las ganas de venganza, la violencia que llegué a sentir siendo pacífica, ante una impotencia y el sadismo de una sociedad que discrimina y que selecciona cínicamente a las víctimas para sentirse más o no reforzadas, o monopolizando la violencia (sobre todo psicológica) de unos o de otros, según su conveniencia. Recuerdo todo esto mientras saco el humo gélido por mi boca, pensando en qué se equivoca la gente, en qué me equivoco yo, en qué nos equivocamos todos nosotros. Y la equivocación que debía cometer este pobre chaval: ser diferente y querer vivir su sexualidad como una persona normal, en un país que dice ser progresista de cara a los demás, pero que dentro de las casas alberga estereotipos, xenofobia y homofobia.
Tribalismo y sadismo, estas dos grandes enfermedades que albergamos todos nosotros y que tan sólo sacamos cuando está permitido y no hay rechazo (cuando, es más, hay apremio) por parte del resto: ante violadores y asesinos, ante enemigos de victimistas o ante el tonto de clase que no puede defenderse.
Y vuelvo a mi casa, a mi refugio de pensamientos. ¿Qué le habrá empujado a autodestruirse? Y me siento terriblemente identificada, ante tantísimas veces que deseé tirarme por el balcón ante una llamada traicionera, una amenaza, un saco de insultos o ante una falsa unión familiar a partir del sacrificio humano. Podrían haberse ido esos hijos de puta llamados acosadores. Pero no lo hicieron. Ya eran demasiado felices desgraciándole la vida.
domingo, 1 de febrero de 2015
David y Goliat o el derecho al insulto
A partir de hoy me reservo el derecho al insulto, con la lengua cervantina, como aquél estudiante de biología que elabora una tesis doctoral sobre ciertos comportamientos zoológicos en humanos con supina ignorancia.
Me he cansado del paseo y de la actitud infantil de dos feminazis y su orquesta de panderetistas. Feminazis que ensucian el nombre de verdaderas feministas como fueron Artemisia Gentilleschi, Simone Beauvoir o Louise Bourgeois. Los mismos que reservaban el papel de la mujer a la tarea doméstica ahora se ponen la chaquetita malva para que el resto no los vea como lo que verdaderamente son, retrógrados vestidos de la mujer del futuro de Neutrex; o aquéllos que ahora ejercen el falso papel de grandes defensores de la infancia, cuando sólo han querido tener para ellos hijos dóciles y manipulables, o bien que les ha importado una puta mierda el bienestar de cualquier infante ajeno a su núcleo familiar, siempre y cuando esto no suponga un gasto económico demasiado elevado.
Pero para empezar reservan la igualdad a la igualdad de género, porque la igualdad real les da demasiado pereza, ya que prefieren seleccionar una sola víctima con un afán hipócritamente sensacionalista y porque aun así les gusta criticar a los inmigrantes que les quitan el trabajo o fomentar la xenofobia, como un acto de sublimación de sus vidas de mierda. Los mismos que ahora defienden a la mujer antes la reservaban para limpiar las zurraspas del váter, para que les hicieran la puta comida o porque aún les facilitaran más sus vidas vacías de contenido. Porque están haciendo las cosas muy mal y desde una hipocresía sumamente retorcida: pegar a una mujer es una aberración, pero en cambio maltratar psicológicamente a un par de críos es algo normal en pleno siglo veintiuno. La tranquilidad proporcionada por atribuir las culpas a un bando o al otro, sin investigar el fondo, es la metadona del adicto a la soledad, a la mediocridad y a la vacuidad de aquél que no tiene ningún motivo para vivir, salvo el de sentarse en la barra de un bar y criticar a cualquier hijo de vecino.
Se califica de inmaduro a alguien que es clave para el proceso de forma poco inteligente, por envidia o algo así, por medio de mensajes amenazantes, escritos de tal forma que el mismo Pompeu Fabra debe de estar teniendo retortijones desde su tumba y que causan más de alguna risa a algún funcionario judicial, después de teatrillos circenses propios de los juicios de la Infanta Cristina o de Isabel Pantoja. Se procede a la tranquilidad falaciosa de atribuirlo todo al interés económico, pero vas al Registro de la Propiedad un viernes por la mañana y ves perfectamente que no eres el único que tiene un interés remunerado, y entiendes que interesa la solvencia de cierta persona, que se vería realmente atacada por el hecho de tener que pagar responsabilidades civiles derivadas de algún delito entonces negado, pero real, verídico y demostrado. Para algunos, pensar o no de una cierta forma parece que da dividendos. Se justifica un acto violento porque fue "provocado" por una grabación no inmediatamente antes, causa de justificación que no figura en ninguna parte de mi Código Penal y que muy posiblemente tan sólo figure en sus morales rastreras que, desde luego, no están capacitadas de ningún apremio.
Por eso a partir de hoy me reservo el derecho al insulto. Pero no el insulto que ellos cometen desde la pantalla sin mancharse del barro de la guerra, sino de aquél que tiene argumentos más que suficientes, suficientemente madurados desde la perspectiva de la primera persona. Hoy el insulto va a ser poesía y la ofensa, reflexión. Es el insulto constructivo y bien razonado, porque ofende desde la verdad, aquél cometido con la pistola de la verdad y que hace hervir la sangre mental. Aquélla molestia del hipócrita que aún me da más asco que la violencia, pero no sólo de género, sino la que se manifiesta en múltiples formas.
Porque esta es una lucha de David contra Goliat. El joven David, rey de los judíos, con su rostro y cuerpo de niño, vence al Goliat, más viejo que el diablo. Y Goliat son miles de ignorantes que son derrotados con la habilidad de un jovenzuelo que entonces fue subestimado y que supo imponer su virtud ante la crítica ajena.

Porque esta es una lucha de David contra Goliat. El joven David, rey de los judíos, con su rostro y cuerpo de niño, vence al Goliat, más viejo que el diablo. Y Goliat son miles de ignorantes que son derrotados con la habilidad de un jovenzuelo que entonces fue subestimado y que supo imponer su virtud ante la crítica ajena.

martes, 27 de enero de 2015
Ignorancia, conocimiento y religión
Es algo propio del statu quo que ha persistido durante generaciones y generaciones. Es obvio que la ignorancia va a existir siempre, en múltiples formas y en contextos muy diferentes, pero el problema es la generalización de la misma, su apremio y su superposición en muchos ámbitos. Tan sólo hace falta observar las astronómicas audiencias de Gran Hermano y más basura televisiva propiciada por Telecinco y cadenas de la misma índole.
Pero la ignorancia ha sido una lacra que ha durado ya desde hace siglos, casi desde la Edad Media hasta ahora mismo, y que se ha visto muy acentuada en un país de tradición claramente católica como es España.
EL MIEDO AL CONOCIMIENTO
La oposición a la ignorancia es claramente el conocimiento. El problema es que las élites poderosas (en este caso que vamos a tratar, la Iglesia Católica) han realizado una maniobra implacable de dominio a las masas a lo largo de la historia y que ha cambiado de dueño, limitando el conocimiento a un poco margen de posibilidades e imponiendo el castigo social y la autocondena de los individuos ante la voluntad de querer saber más dependiendo de qué tipo de cosas.
Sólo hace falta recordar por qué expulsaron a Adán y a Eva del Paraíso: por tomar el fruto del árbol de la ciencia y del conocimiento.

A esto se le propinó una consecuencia clara y aterradora: la expulsión del Paraíso, el descontrol del ser humano y la identificación de éste con la violencia y la perversión del mismo. Tan sólo hace falta echar una ojeada a los siguientes cuadros de Hieronymus el Bosch (El Bosco) y de Dante:
Así pues, llevamos siglos de historia en los que no podías dudar del dogma, no publicar según qué cosas, sino te la jugabas siendo juzgado por la Inquisición o condenado al ostracismo social, contemplado por su forma tan clásica y a la vez tan hipócrita y represora: el pecado. La atribución de ciertas actitudes a un estrecho margen de lo que es políticamente correcto se asegura el comportamiento de las personas, para que no encuentren sus propios límites y que aún menos sean ambiciosas a la vez de establecer sus propias metas.
Ahora el típico lector progresista estará pensando: "hombre, pero la Iglesia Católica ya no tiene tanto poder, las cosas han cambiado mucho, se tolera el aborto, la homosexualidad...". Pero estamos realmente equivocados: la estrategia se ha renovado, otra vez en el ámbito de lo que es políticamente correcto y lo que no, centrándonos en debates puramente ideológicos sin sentido alguno, que no conducen a nada y que tan sólo retroalimentan más un sistema político sin ideas renovadas y que tan sólo busca mantenerse a él mismo.
La ignorancia ahora se ha centrado en el egotismo, en el autoabastecimiento, la conservación de un estado sea cual sea, siendo incluso parasitario o tóxico. En otras palabras: el paradigma de la ignorancia es lo que en psicología se denomina "zona de confort", el estancamiento en algo ya establecido.
Todos tenemos una forma de vida ya establecida, fruto de mucho esfuerzo o de vivencias sobrevenidas de un ayer, o bien interpuestas por nuestra familia si estamos hablando de clases bienestantes. Tenemos un ámbito, con un umbral que puede alargarse o no, ya sea a nivel personal o familiar, psicológico, profesional o social. Pero muchas veces, se tiende a conformarse con lo establecido o bien actuar como en tiempos de guerra: derrochar hasta la última gota de sudor en el mantenimiento de lo establecido.
UN ESFUERZO QUE DA MUCHA PEREZA
Cada persona tiene un sentido por el que vivir, y no es sólo la propia supervivencia o la subsistencia, que muy posiblemente sea el instinto más primitivo que tenemos. Así pues, buscar un sentido, una meta, una recompensa a nuestra vida y al progreso de la humanidad implica que dejemos de lado nuestros instintos más ancestrales y superpongamos nuestras emociones o nuestro raciocinio a los impulsos marcados por nuestra parte cerebral más primitiva: el cerebro reptiliano.
Después de la zona de confort hay un nuevo mundo por descubrir, lo que implica a priori una inseguridad latente al hallarnos en un lugar desconocido y en el que no conocemos el porvenir. Para ello, tendremos que centrarnos en la adaptación, es decir, poner en marcha todos nuestros mecanismos, tanto físicos como intelectuales para adecuarnos al lugar y así poder progresar, lo que requiere que emocionalmente se adquiera cierta fortaleza y voluntad de ser. Esta fortaleza y voluntad de ser no es innata, es totalmente adquirida en este proceso, lo que requiere un esfuerzo, un conocimiento hacia nosotros mismos y un viaje profundo a miedos, traumas e instintos más primarios.
Lo mismo pasa con la inteligencia y el conocimiento: requieren un ejercicio, una práctica y una voluntad de ser, que tan sólo se adquieren por la actividad y no antes de ella, lo que erróneamente se dice muchas veces para esquivar en cualquier caso este esfuerzo necesario para tirar hacia adelante. Nos creemos poco capaces de algo por creernos menos inteligentes, porque así lo hemos asumido propiamente, o bien creemos que algo es inaccesible o irrelevante porque "no es práctico" para el día a día o bien para la autosuficiencia del sistema.
Por lo tanto, nuestra misma mente aplica la zona de confort, el miedo a lo diferente, para asegurarnos de la inadaptación a ciertas situaciones, en detrimento del hecho de salir fuera de ésta y conocer cómo somos y cómo funcionamos.
Mutilar nuestra curiosidad, creatividad y autonomía nos limita como personas, aniquilando algo muy elemental, que es la propia individualidad y su plasmación en psicología: la personalidad.
Por eso la Iglesia Católica puso los límites al conocimiento, vigilando de muy cerca la astronomía y la medicina, que permiten conocer que no estamos solos en el mundo, descubrir qué hay más allá y cómo funcionamos. Y por eso ahora mismo el sistema económico limita la importancia a las ramas del conocimiento que son útiles para la autoconservación del mismo, dejando apartadas las artes, las humanidades y las ciencias del conocimiento, que son claves para seguir adelante y progresar como personas, para ayudar verdaderamente al progreso de la humanidad y hacer de este mundo algo mejor.
Ahora mismo, el conocimiento se centra en sacarte una carrera universitaria y moverte para poder trabajar y ser alguien más en el sistema. Pero en cambio, se deja totalmente de lado el hecho de coger un libro, tocar el piano o expresar las emociones por medio de movimientos físicos expresivos, y en todo caso se destinan a la cultura de consumo, al puro entretenimiento de pantalla, sin permitir que las personas sepan leer entre líneas, entender lo que les exponen y adaptar lo que les exponen a sus propias emociones y vidas.
Podemos verlo en el aterrador éxito que muy posiblemente va a tener la película de Cincuenta Sombras de Grey, a pesar de la infame calidad literaria del mismo libro, de esconder un machismo más que latente en las escenas y de banalizar el amor, hecho del que hablaré muy posiblemente en un artículo futuro. O bien en las indignantes audiencias que está teniendo el programa Gran Hermano VIP, cuyos seres protagonistas sin pena ni gloria son el máximo exponente de la ignorancia y la exaltación de la misma en este país.
También podemos verlo en el día a día de miles de familias que dicen ser esclavas de la desgracia, aguantando matrimonios tóxicos mientras sus hijos viven enganchados al ordenador o a los videojuegos, sin comprender que la vida no es solamente ocio, sino que es algo más allá de ello y que implica la realización de actividades que permitan realizarnos y crecer. El trabajo dignifica, y algunas veces es esencial hallar lo desconocido en el más allá de lo establecido, a partir del cambio.
¿Vale la pena seguir en este bucle de autoconservación que muy posiblemente nos lleve a la destrucción y a nuestra degradación mental de forma exponencial?
¿Vale la pena ser esclavo del día a día para tener como recompensa sólo unos días de ocio que nos pasamos en el cine o en las rebajas?
¿Vale la pena mantenerse tal y como estamos y no admitir que hay algo más allá que realmente nos haga felices, prescindiendo del último modelo de iPhone lanzado en el mercado?
Hasta aquí hemos hecho un paseo casi que histórico a los usos de la ignorancia y al manejo de la curiosidad humana según la conveniencia de los tiempos e incluso por la misma voluntad de las personas.
Ahora toca sentarse a pensar y qué podemos hacer con nosotros mismos y, sobre todo, en qué estamos haciendo mal.
domingo, 25 de enero de 2015
La mala educación
Hace ya unos días terminé los exámenes de la universidad. Y, tras unos días llenos de enfermedad (hecho típico de los meses crudos de invierno y de las bajas temperaturas) y de aburrimiento bien invertido, me he puesto a pensar en la educación y el derecho a ella, su (poca) aplicación a la sociedad, y el daño que ha llegado a hacer el hecho de que algunos no dediquen ni el más mínimo segundo de su vida a plantearse que la verdadera educación es la que diriges tú mismo, además de la académica, sabiendo cómo interpretar la información y cómo crecer como persona.
La poca autodisciplina, la infame apertura a la diferencia y a nuevas corrientes, ha llevado a la aparición de castas parasitarias de subnormales agrupados en colectivos que se apoyan en los mármoles de la ignorancia, el egotismo y la chulería del ignoto, el incomprendido y el que se cree inferior a los demás porque nunca se ha visto capaz de dar con las riendas de su vida. Crean su ideología, su visión cerrada y poco realista e inteligente de ver las cosas, porque el mundo les resulta cruel y hostil. Envidia al triunfador o el que quiere salir del agujero negro de la ignorancia y del oscurantismo de este tipo de especímenes.
Ideología. Aquélla consecuencia de la falta de libros, de cultura y de arte en las personas, con el afán de sentirse realizadas a partir de enfrentarse unos a otros. Aquélla justificación de la violencia que ha llevado a tantas guerras o ha llevado a joder la vida a una gran serie de personas, quitándole los derechos con base política, religiosa o biológica. Aún recuerdo cómo algunas voces ignorantes decían que yo, mujer de diecinueve años y con media de notable con lo que lleva en la universidad, no podía seguir estudiando porque, como mujer, no apoyaba la ideología de una mujer que había cometido atrocidades y pretendía arrebatarme la (poca) dignidad que entonces me quedaba.
La mala educación. Aquélla que impide que las personas puedan progresar por razones apócrifas, beligerantes y por complicidades dentro de juegos de cobardes, que por haberse apartado en el tiempo justo para no salir ensuciados de la guerra se arrepienten de su complicidad y entonces buscan quedar de puta madre, como sinvergüenzas que juegan con la desgracia ajena para lucrarse en un programa del corazón.
El derecho a la educación. Tan sólo aquéllas personas que no le dan importancia a la suya propia (y que se plasma en mensajes amenazantes y en insultos sin sustentarse en hechos empíricos, o que de existir los ignoran) pueden subestimar o arrebatársela a los demás. Porque un libro puede llegar a ser un arma emocional. Conocer que hubo unos filósofos que sospecharon del sistema liberal (como Nietzsche) es un peligro, porque puede conducir a que los propios hijos se rebelen contra sus padres dictatoriales. Conocer que hubo pintores o grandes músicos en la historia del arte también es un peligro para algunos, porque eliminar tus cadenas emocionales supone ser libre y no ser dependiente de instigadores. Conocer la historia, para que no aprendas de los errores, les da miedo, porque podrás llevar a cabo revoluciones.
Aquéllas voces ignorantes. Maleducadas, que gritan sin coherencia sintáctica o amenazan con textos llenos de faltas de ortografía, plasmando una vez más la ignorancia tanto en el contenido como en las formas. La oposición y el triunfo del que conoce. La amargura, el egotismo y la hostilidad constante del ignorante, que vive cómodamente en su sofá mientras mira en una ventana triste la lluvia, sonando el Sálvame de fondo y con el libro abandonado en la estantería, esperando a ser abierto.
domingo, 4 de enero de 2015
Pequeños gladiadores
Niñez y adolescencia
momentos de decepción e inocencia
camino lento a la senectud
a la adultez, a la amargura del que cree y no ve.
Adiós ilusión, adiós esperanza
adiós a aquélla niña ilusa,
miles de esperanzas muertas en batallas,
batallas de guerras impropias,
de distintos dioses, distintos dictadores
niños que de la noche al día fueron gladiadores.
Zapatos sucios, la ropa rota
polvo enredado en el pelo y en las botas,
llantos en una noche, un grito infantil
no son culpables de este juego tan pueril.
Niños abandonados y olvidados
banalizan su sufrimiento y su denuncia,
una niña se convierte en mujer
adulta para crecer y poderse defender
de una tradición insana
tradición de traiciones
de algunos que comentan y que ignoran
las miles de lágrimas, los lagos de los que sufren
ante el televisor ríen y lo discuten.
Y gritan, y opinan, y juzgan
sin ponerse sus zapatos,
sin notar la piedra
sin notar la herida que se abre en su cabeza
el sufrimiento por el prejuicio y la incerteza,
que un niño no tiene razón sin haber logrado crecer
bandos que se odian sin que nadie lo logre entender.
Gladiadores de piedra que perecen,
gritan para su supervivencia
mientras lloran, cuando no hay sol,
cuando nadie les escucha ni les da amor.
lunes, 29 de diciembre de 2014
La verdad sobre el acoso
Quizá es el artículo más personal que haya escrito jamás.
Pero me veo obligada a escribir sobre ello, para poder prevenir que ocurra en otros casos o para quienes se vean sumidos en esto tomen conciencia de lo que les está pasando y tengan suficiente fuerza para salir de este pozo que, como os he dicho, he vivido personalmente.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Disección de la mafia.

Por otro lado, el mecanismo del chivo expiatorio suele producirse cuando el clan familiar sufre algún tipo de crisis interna y su o sus líderes recurren al sacrificio de alguno de sus miembros, como medida para reforzar los lazos grupales que se están disolviendo o que están en peligro. Obviamente, cualquier familia que base su unidad en el sacrificio humano es una familia tóxica o patológica, basada en un modelo que traerá al mundo nuevos psicópatas socialmente integrados. En todo caso, las familias donde se promueven casos de mobbing, deberían ser psicológicamente intervenidas o ayudadas, por orden judicial (si fuera preciso).
Era algo habitual, tradicional en la tribu. De forma anual se organizaban esas convenciones, más por costumbre que no por voluntad; en las cuales algunos aprovechaban, cual acto de sublimación personal, para evadir las frustraciones propias con el reconforte que les daba saber que, aquellos seres que envidiaban, también tenían desgracias.
Su actividad era la misma, hasta tal punto que se producía ad nauseam, de forma poco original. Tenían un pensamiento chapado en la racionalización económica, que a su vez trasladaban, en un acto infantil y egoísta, al modus vivendi de los demás. Eran la mafia contemporánea, aquélla que existe y no se sabe que existe, porque es transparente a los ojos de la gente, pues ya es costumbre y se ampara bajo el disfraz del día a día, de la desgracia de no tener trabajo, de una libertad de expresión de pacotilla que ellos mismos inventan, ciencia para nada exacta. Seguían cometiendo asesinatos de una forma impecable y limpia: habían abandonado los métodos tradicionales (cierto es que les faltaban recursos para seguir haciéndolo) y pasaron a uno que no dejaba ni sangre ni cadáveres. No se obviaba, pero, el hecho de que, en aquellas suculentas reuniones navideñas, colocaran a un chivo expiatorio encima de la mesa, le clavaran cuchillos y chinchetas, incluso violaran a las mujeres y a los niños en más de alguna ocasión, para sublimar la miseria de la propia condición humana, bajo el amparo y la complicidad de la omertà de sus miembros que, como siempre, fue efectiva.
Su última presa fue una joven periodista, a la que le ataron de manos y tobillos. Los hombres procedieron a violarla infinitas veces, porque era, además, culta y buen estudiante y, por no cumplir con los estandartes de la buena mujer, la torturaron hasta la saciedad bajo el lema de "calla o morirás". Eran delincuentes de cuello blanco, con las manos manchadas de sangre y lágrimas, que también violaban y torturaban los niños pequeños para perpetuar su asquerosa tradición y flagelarles, cual tatuaje no deseado en la piel, su ideología carente de ideales y de moral, a pesar de que pareciese lo contrario. Vivían unidos por el inexistente vínculo de la omertà, por la desgracia ajena, por la base de la tortura flagrante a quien menos se lo merece, bajo la constante mirada vigilante de su propia policía del pensamiento, degenerando aún más la especie humana.
Dentro de sus propias filas, había una gran colección de las diferentes formas de la denigración humana extrema: victimistas, pederastas, violadores, conspiradores, homosexuales reprimidos, machistas, personajillos con delirios de grandeza y con trastornos paranoides de varia índole y de notable gravedad. Psicópatas socialmente integrados que tenían algo en común: que no valían nada para la sociedad y que hacían más daño que bien en lo que llaman el progreso de la humanidad. Así que un día, ya fuera o fuese de manera consciente o inconsciente, decidieron organizarse, desarrollar aquéllas bacanales de horror humano, tortura y sadismo familiar, bajo las órdenes del capo de turno o el jefe del momento, para proteger cualquier ataque a su grandísima persona y a la de sus miembros, bajo el intocable principio de si tocaban alguno de los suyos, respondían todos los demás, cual clan gitano o mafia siciliana. Era una secta donde depositaban esperanzas, sueños rotos, devoción hacia cosas inexistentes, orientaciones políticas aparentemente progresistas, donde algunos imaginaban ser superhéroes, mientras tan sólo eran ratas de alcantarilla, donde su gran Dios eran el euro y las divisas.
Seres humanos que acabarán enterrados en la fosa común del olvido y de la pena, colgados en la plaza del pueblo, decapitados después de una gran revolución popular, encerrados en un psiquiátrico o una cárcel. Tan sólo el tiempo, su peor y temido enemigo, ejecutará a quién tendrá que ejecutar, a partir de jueces, fiscales, polícias, enterradores, personal sanitario, enfermeros, milicias populares.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Inquisición y televisión
Hoy me he dado cuenta de que el mundo es aún más idiota de lo que creía. Tertulianos de poca monta, charlando en el bar o en un plató de la televisión, que creen estar en posesión de un máster en Periodismo o un doctorado en Sociología, creyendo tener todo el saber del mundo con la Biblia en su mano, cumpliendo estricta y escrupulosamente una moral superior rastrera sobre la cual castigar. Doble moral de cuchillos y de sonrisitas por lo bajo, un gran saludo y un buen abrazo al entrar, pero críticas y lenguas envenenadas por la espaldas, hipocresía, conspiración y compinches, insultando por las redes sociales pero en persona no se atreven a decir ni mú, temiendo al inteligente, al talentoso y al valiente.
Creen que la verdad está en sus manos, que sus opiniones fantasiosas y engañadas por los medios de comunicación o la cotilla del pueblo están por encima de todo, con la potestad para decir tú sí y tú no, para creerse el rey del grupo. Personas sin formación y que de tenerla tienen una misérrima cultura, a parte de un criterio personal penoso, propiciado por la asquerosa cultura y educación de este país; hijos de puta que juzgan y condenan sin pruebas, que mandan a Dolores Vázquez a la cárcel, que se lucran condenando la violencia, el racismo y la madre que los parió, seleccionando las víctimas que más sensibilidades hieren a la población sin hacer nada para evitar los problemas reales en general y de forma efectiva, que promueven reformas penales de pacotilla para quedar bien, progresistas de poca monta que tan sólo buscan reconocimiento, cuatro fotos y un poco de postureo.
Mi futuro y el de ustedes están en sus manos, porque así lo creen efectivamente, mientras lamen el culo al jefazo, al importante, al mediático, a quien se ha apropiado el puesto de víctima del momento, creando rumores y salseo que sirve de pantalla a los problemas reales, que esconde su miedo a solucionar verdaderamente los problemas, impregnándose de buenas palabras y florecillas que apestan más que dar buen olor.
Tú, aunque les presentes un problema real con todas las pruebas y soluciones no te escucharán, porque más les interesa no molestar al jefazo que les manda o contradecir la palabra de los partidos políticos que les pagan, o la agencia de noticias que les paga, buscando audiencia de forma incesable.
Pero nunca te dejarás influenciar. Tú eres su problema, porque piensas por tí mismo, porque contrastas las cosas antes de emitir cualquier sentencia, porque tienes la verdad en mano sin ser un enchufado, porque has leído, porque posees una cultura enorme, porque has vivido lo suficiente como para sentirte extranjero en tu propio país... Y de suponerles un peligro real, manifestando su corrosiva envidia, te tildarán de psicópata, de mala persona, de tomarte la justicia por tu mano, de estar pensando en conspiraciones y paranoias, filosofando de forma inútil sentado en el sillón de tu salón, mientras que lo único que haces es construir, poco a poco, tu criterio de forma lenta, como pirámides de Egipto que se forman a partir de granos de granito y arena.
Tu criterio es tu mejor arma.
Tu criterio, tu voluntad de poder y tu convicción es la bomba atómica que tanto temen.
Por eso, disfrazan tu habilidad de atentados contra la moral de rebaño.
Enlaces de interés:
http://politica.elpais.com/politica/2013/06/02/actualidad/1370190300_472322.html
Enlaces de interés:
http://politica.elpais.com/politica/2013/06/02/actualidad/1370190300_472322.html
martes, 21 de octubre de 2014
La verdad sobre el victimismo
No es sólo
una reflexión personal: es un enfoque sociológico, a la vez que psicológico.
¿Por qué
cada día nos encontramos en nuestras vidas personas que constantemente dicen
ser víctimas? ¿Por qué siempre nos encontramos que alguien rápidamente quiere
ganarse el puesto de víctima ante un conflicto? ¿Por qué alguien por sí mismo
puede llegar a inventar otra realidad a partir de ser de víctima?
El
victimismo se define como "la actitud de la persona que se considera
habitualmente dañada o perjudicada en algo". Una
víctima es alguien que ha recibido una agresión, sea de la naturaleza que sea.
Eso implica que alguien ha tenido un comportamiento considerado indecente hacia
ella, con lo cual no cabe duda que ese alguien tenga una dudosa moral o bien que
haya obrado con el mal. Esto conlleva de por sí que la víctima es la
dañada, la "débil", que no ha tenido más remedio que asentir y que no
se ha podido defender. Y a partir de aquí, es indudable que la persona en
cuestión haya mentido, es más, no se le puede atribuir casi ninguna mala
cualidad.
Por eso mismo, en un mundo de buenos y malos, según las mentes más
simplistas y poco reflexivas, se produce lo siguiente, aunque no necesariamente por este orden:
A. APROPIACIÓN DEL PODER DE LAS DEFINICIONES
Es triste, pero es así: cuando alguien se apropia de la definición de lo
que es bueno y de lo que es malo, ya lo tiene todo ganado. Y así se hace
cuando alguien se reivindica como víctima: a partir de la elaboración de
razonamientos aparentemente lógicos, confirmará aún más su puesto porque, como
el supuesto agresor es el "malo", ésta por fuerza tiene que ser la
"buena".
Así pues, la bondad se personifica en la víctima y no pueden caber en
ella ni hechos ni características, por ende, negativas.
B. PROYECCIÓN VICTIMISTA HACIA LA SOCIEDAD
Una vez la persona victimizada se reivindica como la afectada y, por lo
tanto, la buena de la historia, produce efectos en la sociedad, sobre todo en
la ética. Desde luego, una persona cualquiera, por temor a lo que puedan pensar
de los demás, le dará la razón e incluso la reivindicará como tal,
contribuyendo cada vez más a este, falso o no, "papel".
C. PURGA DE ARGUMENTOS EN CONTRA Y CALIFICACIÓN DE ENEMIGOS
Una vez la víctima victimizada tiene los apoyos morales lo
suficientemente numerosos o fuertes, ve reforzada su posición de la definición
del bien o el mal. A falta de argumentos propios, se apropiará de los que les
ha dado la otra gente, o bien puede llegárselos a inventar, o bien llegar a
exagerar lo que ha dicho, entre otras cosas.
Los argumentos que se puedan dar en contra, incluso hechos de buena fe,
reales o sustentados en hechos y verdades empíricos, automáticamente se
rechazarán, porque "no son éticos", incluso se pueden calificar de
cínicos. Esto, por ende, conlleva que las personas disconformes o que sinceramente
no quieran intervenir a favor o en contra de la persona victimizada, sean
calificadas de enemigas. Las personas enemigas, según la realidad de la persona
victimista, se incluirán en un mismo grupo o género, produciendo una
estigmatización que desacreditará, de nuevo, esta serie de sujetos; y producirá
una respuesta automática del resto de la sociedad, incluso negar a nivel
individual la existencia de defectos en la persona victimizada, o bien a negar
su propio pensamiento, por lo que los demás puedan decir.
Incluso puede llegar el momento en el que el victimista está llegando a
cometer atrocidades y los demás presentan complicidad, justificándolo con su
"pasado convulso", "porque tan sólo sufre secuelas de lo que ha
vivido".
¿Os imagináis el caso de que se supiera que, una mujer que dice ser víctima de violencia de género, habría golpeado mientras tanto a su marido, atraparlo
psicológicamente e incluso agredir verbalmente a sus hijos, bajo el amparo de
que "está sufriendo sólo secuelas"?
¿No es sumamente retorcido, cínico e hipócrita? Hay más de una víctima,
incluso esta víctima duplica o triplica el daño cometido, pero bajo el amparo de la
victimización, escasas veces se reconocerán las otras víctimas y aún menos las
secuelas que hayan podido sufrir, aunque sean peores de las que haya vivido ella
misma.
Quizá a partir de este planteamiento algunos podrían empezar a pensar,
pero entonces se arriesgan a la:
D. REPRESIÓN HACIA LOS QUE APOYAN AL SUJETO VICTIMISTA
Indirectamente, el victimista está ejerciendo una represión a los que le
rodean, obligándoles a cambiar su pensamiento, a pesar de que no se den cuenta.
Una vez los sujetos empiezan a dudar, el victimista puede incluir a la
categoría global de "enemigos" aquél que no piense después como ésta.
O bien el victimista puede empezar a exigir una serie de comportamientos a los
otros que han mostrado alguna vez su apoyo, bajo el amparo de que "es una
persona necesitada" y que, si no actúa a tenor de la víctima, podría
elevarse al sujeto a la categoría del enemigo, incluso del agresor.
El victimista empieza a exigir de los demás responsabilidad de los
propios actos, a pedir la realización de conductas tan elementales que
correspondrían normalmente a sí misma (por ejemplo, ir a hacerse un DNI). Si no
lo realizan como el victimista quisiera, entonces el sujeto se ve sumergido a
una ola de críticas por su "mala moral", e incluso a amenazar a los
demás que lo apoyan de que dejarán de hablarle, o que harán juicios negativos
sobre su persona. Si el victimista no consigue sus objetivos, el sujeto pasará
a ser uno más de sus enemigos. O blanco o negro.
E. REPRESIÓN DE LOS QUE APOYAN AL SUJETO VICTIMISTA A LOS QUE NO LO
APOYAN
Uno de los efectos colaterales del victimismo es que el doblegamiento de
la razón es tan grave que, como fanáticos, las personas que ayudan al
victimista actúan por ella ejerciendo el papel represor hacia los demás,
convirtiéndose en una auténtica policía del pensamiento.
¿SUJETOS REALMENTE INTELIGENTES?
Algunos pensarán que los victimistas son personas realmente inteligentes
para producir estos efectos, ya que pueden generar una auténtica manipulación
de masas, ya sea a nivel social o en un grupo de amigos.
Realmente son muy débiles psicológicamente, porque son realmente
dependientes emocionalmente a los demás, y que tan sólo viven para mantener un
cierto estatus a partir de su victimización. Con una capacidad argumentativa de una mosca, repitiendo falaciosamente lo mismo para justificar sus actos y reivindicar su estatus de victimista.
Alguien que cree estar en razón no hará estas maniobras, ni se hará la
víctima para que los demás lo reconozcan como tal.
Pura manipulación emocional.
Tienen una fortaleza personal pésima, incapaz de tirar adelante y de no
ejercer nada más que no esté vinculado al amparo de la victimización.
Pero aún así, los demás consienten la victimización.
¿Es que no está pasando lo mismo con Israel que, bajo el argumento de
que el pueblo judío fue duramente reprimido, está cometiendo un auténtico
genocidio contra Palestina?
¿Es que no pasa lo mismo con los Estados Unidos, que atentan cada día
contra los Derechos Fundamentales de sus ciudadanos y de los civiles de los
países que atacan porque "en su momento atentaron contra su país en sede
del 11-S" o "en nombre de la democracia"?
EN RESUMEN
Porque, haciendo un copy-paste de una
fuente de Internet no confirmada, pero que puede servir de utilidad, una
persona victimista o colectivo victimista:
1- Culpabiliza a los demás en nombre del vínculo familiar, de la
amistad, del amor, de la conciencia profesional, etc...
2- Traslada su responsabilidad a los demás o se desentiende de sus
propias responsabilidades.
3- Invoca razones lógicas para enmascarar sus demandas.
4- Pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los
demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga.
5 -Siembra cizaña y suscita sospechas, divide para reinar mejor.
6- Sabe hacerse la víctima para que se le compadezca (enfermedad
exagerada, entorno "dificil", sobrecarga de trabajo, etc...) .
7- Utiliza los principios morales de los demás para satisfacer sus
necesidades (nociones de humanidad, caridad, racismo, "buena" o
"mala" madre, etc...)
8- Amenaza de forma encubierta o hace un chantaje abierto.
9- Miente
10- Falsea los hechos para averiguar la verdad , deforma e interpreta.
11- Es egocéntrico
12- No soporta la crítica y niega la evidencia
13- No tiene en cuenta los derechos , las necesidades y los deseos de
los demás.
14- Su discurso parece lógico o coherente, cuando sus actitudes, sus
actos o su forma de vivir responden al esquema opuesto.
15- Produce un estado de malestar o una sensación de falta de libertad
(trampa).
16- Es absolutamente eficaz para lograr sus propios fines, pero a costa
de los demás.

El constante victimismo incluso se relaciona con trastornos paranoides.
¿Y tú, eres victimista? ¿O eres esclavo de un victimista?
¿Eres de una mente simplista o una mente reflexiva, que no deja llevarse
de nada ni por nadie?
Desde luego da mucho, mucho que pensar.
Algunos estarán muertos de rabia por este artículo, porque no es "progre" o "ético".
Pero es la pura verdad vista desde fuera.
Algunos niegan que detrás de las ovejas puedan haber auténticos lobos.
Otros lo saben y no se atreven a decirlo.
domingo, 19 de octubre de 2014
Palpitaciones.
¿Qué será este ruido? ¿Será un monstruo? ¿Será un peligro inminente?
No. Es el ruido de la sangre corriendo por mis venas. Es el pánico que se aferra en mi cuerpo, que me coge los huesos y me los rompe, con un crush imaginario que, de paso, me estruja y me aprieta el corazón.
Es el ruido de una reacción desproporcionada de mi cuerpo tras unos golpes con la banda sonora de palabras inductoras de miedos, de rechazos y de chantajes emocionales. Es el ruido de una reacción desproporcionada de mi cuerpo ante las orquestas del Diablo, con rugidos de motores de gasoil y golpes en la puerta.
Después, me levanto en un hospital de color gris y rojo, con humedades y con barrotes en las ventanas. Es el hospital de la hipocresía de aquéllos que se aprovechan de tí, para sacarte información y para inducirte el miedo de que abras las alas por fin y puedas echarte a volar.
Tengo un cielo prometido, donde un Dios imaginario de barbas largas me espera con un podio y una balanza de justicia.
En mi corazón estallan tambores que anuncian una revolución. Una revolución en mi interior y que orquesta la diosa Justicia, de cuando mis carnes se volvieron en huesos, cuando mis ojos se hundían cada vez más y cuando mis circuitos cerebrales se volvieron totalmente dictatoriales.
Y lloraré sangre, sudaré con lágrimas y vomitaré pesadillas; querré morirme miles de veces, querré tirar piedras en los palacios de custodiadores de palabras falaciosas, querré poseer un ejército que me proteja de los golpes. Pero seguiré adelante, con un caballo a veces blanco y a veces negro, que traerá viernes trece o seré un jinete del Apocalipsis, o traerá glorias y otras victorias.
No. Es el ruido de la sangre corriendo por mis venas. Es el pánico que se aferra en mi cuerpo, que me coge los huesos y me los rompe, con un crush imaginario que, de paso, me estruja y me aprieta el corazón.
Es el ruido de una reacción desproporcionada de mi cuerpo tras unos golpes con la banda sonora de palabras inductoras de miedos, de rechazos y de chantajes emocionales. Es el ruido de una reacción desproporcionada de mi cuerpo ante las orquestas del Diablo, con rugidos de motores de gasoil y golpes en la puerta.
Después, me levanto en un hospital de color gris y rojo, con humedades y con barrotes en las ventanas. Es el hospital de la hipocresía de aquéllos que se aprovechan de tí, para sacarte información y para inducirte el miedo de que abras las alas por fin y puedas echarte a volar.
Tengo un cielo prometido, donde un Dios imaginario de barbas largas me espera con un podio y una balanza de justicia.
En mi corazón estallan tambores que anuncian una revolución. Una revolución en mi interior y que orquesta la diosa Justicia, de cuando mis carnes se volvieron en huesos, cuando mis ojos se hundían cada vez más y cuando mis circuitos cerebrales se volvieron totalmente dictatoriales.
Y lloraré sangre, sudaré con lágrimas y vomitaré pesadillas; querré morirme miles de veces, querré tirar piedras en los palacios de custodiadores de palabras falaciosas, querré poseer un ejército que me proteja de los golpes. Pero seguiré adelante, con un caballo a veces blanco y a veces negro, que traerá viernes trece o seré un jinete del Apocalipsis, o traerá glorias y otras victorias.
sábado, 18 de octubre de 2014
Perdónalos, no saben lo que se hacen
Una habitación de Fermat
me coge,
me atrapa en un bucle sin sentido,
amenaza en aplastarme y encerrarme.
Los lobos aúllan y susurran en la lejanía.
Como un Salomón decidido,
los superhéroes de sirenas y escopetas,
la loba sacaba sus dientes.
Gritaba y aullaba.
Carne emocional quería.
Moriré como Juana de Arco,
si es que no morí hace años;
palabras y maquinaciones insidiosas,
gramática que navega por las vísceras
y no por las cabezas.
Si es que existe un Dios,
no le pido salvación.
Les pido que les perdone:
no saben lo que se hacen.
Los lobos aúllan y susurran en la lejanía.
Delfines que me traicionan
después de difíciles andaduras,
con dolor en los pies,
gritando en silencio.
Los lobos aúllan y susurran en la lejanía.
En el fuego recordaré los besos de Judas,
las batallas que afronté y nunca expliqué,
los caminos de justicia, igualdad e libertad,
explicadas por falsos historiadores.
Recordaré aquellas veces
que luchaba con piedras
mientras tiraban bombas,
entre la complicidad de grandes dictadores.
Y moriré.
Como cementerio de elefantes,
moriré en la lejanía,
entre susurros y aullidos,
entre llamas por prejuicios.
Moriré como Juana de Arco.
sábado, 26 de abril de 2014
Ansiedad.
Siempre
estás ahí,
Te pegas en
piel
Eres una
mala compañía
Que me araña
el autoestima
Eres el
monstruo que sale
De las
cuevas más profundas de mi cerebro
Eres el
Cerbero de mis pasiones
La pena de
muerte ante mis emociones
Eres la
sangre que brota cuando me acuchillan
Eres el
veneno en la lengua de los que me critican
Eres las
palabras que ahora mismo estoy escribiendo
Eres las
paredes de la cárcel de mis sentimientos
Son los
diques de la mar que me está arrastrando
Soy un
cadáver dentro de un sargazo,
Que ha
muerto arañazo tras arañazo
El Dr.
Jekyll y el Mr. Hyde,
El día y la
noche
La vida
chillando ante el pánico a la muerte...
A la muerte
de mi alma,
A no volver
ser yo mi propia ama,
A ser una
llama que hiela y no quema
A ser esa
vela que se apaga tras el incendio
A ser el
niño pequeño solitario en el colegio
A ser carne
de buitres hambrientos
A sentir que
el mundo se apaga,
Como la
última nota que suena de un piano...
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